viernes, 9 de junio de 2017


LA DEMOCRACIA 

 MANUEL AZUAJE REVERÓN

CHÁVEZ A TRAVÉZ DE SUS IDEAS

La falsa dicotomía dictadura-democracia: 1992-1998.
El 4 de febrero de 1992 un grupo de oficiales del ejército venezolano se levantó contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez, al tratarse de un alzamiento castrense produjo sospechas en sectores de la izquierda, sin embargo generó entusiasmo en el pueblo venezolano. Tres años antes, los sucesos desencadenados el 27 de febrero, pusieron en evidencia la crisis del sistema político venezolano. Durante aquellos días se rompió a pedradas el escaparate de la democracia venezolana, según la descripción del ex presidente Rafael Caldera. La que se presentaba como la democracia más estable de América Latina no era más que eso, un producto de exhibición al que el pueblo no podía acceder.
Desde la perspectiva formal, cualquier insurrección contra un gobierno electo democráticamente es definida como un intento de conducir el país hacia una dictadura. Después del levantamiento, su comandante pasó años denunciando esta idea, que definía como una falsa dicotomía con la cual los teóricos que sostienen a “los regímenes pseudo-democráticos de América Latina” han querido “ocultar las graves deficiencias y la degeneración de los falsos sistemas democráticos en auténticas tiranías”. El alzamiento fue una salida inevitable ante la situación nacional generada a partir del Caracazo.
A juicio del propio Hugo Chávez aquel intento fracasó en lo militar pero fue un éxito en lo político, porque según sus palabras “le dimos un golpe medular al sistema político, al sistema militar” que a la larga “abrió una puerta hacia posibilidades de una situación distinta”. Pero ¿cómo caracterizaban los soldados del 4F el sistema político contra el que se levantaron? Primero, no se diferenciaba sustancialmente de las dictaduras anteriores a esa democracia, nacida de un pacto y una traición al pueblo que movilizado derrocó a Pérez Jiménez. En ese sistema, detrás del personaje que ocupa la silla presidencial “está el mismo esquema dominante en lo económico, en lo político, la misma negación de los derechos humanos, del derecho de los pueblos para protagonizar sus destinos”.
Esas palabras de Chávez, dichas a Agustín Blanco Muñoz en junio de 1995, continúan con la descripción de un sistema que terminó de podrirse y “olía mal” desde finales de los 80. Esa década dejó en evidencia la decadencia política, pero el sistema electoral seguía funcionando, dejando al descubierto su propia incapacidad para expresar el agotamiento del modelo. Lo que si estaba claro, luego de los dos intentos de golpe y la salida de CAP del cargo era que:
En cuanto al concepto de esta democracia liberal, creo que pasó su tiempo y es un fenómeno que se presenta en algunos países con unos picos más altos que otros. Creo que es el fin también, de un paradigma, la democracia liberal y su época.
En Venezuela, la segunda mitad de la década de los 90 corresponde a la elaboración de una política alternativa a ese modelo, evitando incorporarse a él a través de la participación electoral y apostando a la construcción de un movimiento nacional para romper con el esquema político en el cual las élites son ratificadas cada cierto tiempo. Hoy, sigue siendo un modelo agotado en América Latina y el mundo, que pone a elegir entre Marine Le Pen y Emmanuel Macron, o entre Hillary Clinton y Donald Trump.
La aparición de Hugo Chávez en el escenario político venezolano permitió avanzar en la construcción de un sistema distinto. Ese proceso inició con el deslinde frente al sistema liberal, que se vende como la única democracia posible. En este sentido, llama la atención que aún sin saber claramente cuál era el tipo de democracia que debía reemplazar ese esquema, proclamado todo poderoso luego del desmantelamiento de la Unión Soviética, aparecieron voces disidentes en el hemisferio sur.
Desde la salida de la cárcel, el liderazgo del movimiento MBR-200 entendió la necesidad de construir una organización nacional sólida, desde abajo, recorriendo el país y escuchando los problemas de la gente. En ese proceso era determinante la elaboración de un proyecto de transición que diera paso a un proyecto nacional a largo plazo y fuera acompañado con la consolidación de un liderazgo nacional. Esa manera de plantear la construcción hegemónica sigue vigente. Mientras aquello no sucede, las elecciones se desarrollan como una “fiesta de maquinarias electorales” para la ratificación de las élites que, junto a los poderes fácticos, tienen el control absoluto del Estado. De acuerdo con eso, Hugo Chávez fue enfático en 1995 cuando afirmó que:
Un gobierno o régimen especial, no puede ser un gobierno producto de elecciones y con acuerdos entre los poderes. Nada que intente superar ese modelo de democracia liberal, que para nosotros ya murió, puede provenir de elecciones. Sin este gobierno de transición y sin una organización popular, incluyendo el sector militar, no podrá cumplirse nunca el objetivo deseado, y se hará el rol que han hecho todos estos gobiernos supuestamente “democráticos”. 
El período que va de 1995 a finales de 1997 corresponde a la construcción de ese gran movimiento nacional, un “polinomio de poder” capaz de vencer los poderes fácticos y llevar a cabo el proyecto de transformación revolucionaria del Estado. En ese período la Constituyente se mantuvo como bandera principal fuera de la vía electoral, la conformación del MVR permitió cambiar la táctica y considerar la postulación a las elecciones presidenciales de 1998. Es así que, sobre la base de la crítica a la democracia liberal y la construcción de una gran organización popular de carácter nacional, Hugo Chávez triunfa el 6 de diciembre de 1998.
Una democracia representativa, participativa y protagónica: 1999-2004.
Una vez ganada la contienda electoral se realizó el proceso constituyente, al que le dedicaremos un artículo en detalle, luego del cual iniciaron los esfuerzos para dar forma a la democracia participativa y protagónica, tal como había quedado adjetivado el sistema democrático en el nuevo texto constitucional. Sin tener en mente un modelo definido, Chávez aportó, desde un conjunto de intuiciones fundamentales, los criterios para avanzar en una democracia caracterizada fundamentalmente por su aspiración a diferenciarse del esquema liberal.
La nueva democracia parte de la transformación del marco jurídico del que surge el Estado para crear una nueva república. Pero no se trata de un proceso leguleyo, lo realmente sustantivo es la organización popular y sucedió antes de la constituyente. La organización del pueblo es el contenido fundamental de la democracia en primera y última instancia, así lo entiende Chávez cuando dice que “la democracia si no tiene pueblo es igual a un río sin cauce, a un río sin agua”, idea que desde Yare había expresado el MBR-200 cuando acuñó la sentencia “el pueblo es el combustible de la máquina de la historia”.
En la nueva arquitectura del poder se consideró la desconcentración y la incorporación de la participación protagónica como un principio democrático. Esa participación fue concebida como un medio para lograr un fin y no un fin en sí mismo, una participación vinculante que requería de instrumentos, inicialmente pensados en la forma de “plebiscitos, referendo, asambleas populares, consultas populares, iniciativas de leyes”. Entre 1999 y 2003 nos encontramos aún en el esquema tradicional de la democracia directa, aunque intentó ir más allá a través de propuestas como la elección de los jueces.
Durante ese período se defendió el principio de la representatividad. Chávez advirtió a los diputados que les corresponde como representantes mantener una relación orgánica con los representados, porque de lo contrario pasaría lo mismo que con el sistema anterior donde “no había casi contacto de los diputados o senadores con la región que decían representar y eso le quitaba fuerza y cohesión al sistema político, eso lo llevó a la muerte, eso mató la representatividad, cuídenla que es básica para la democracia.”
Esta democracia representativa, participativa y protagónica no solo es un instrumento político, es un principio trasversal de toda la sociedad, desde lo ético a lo económico. Más adelante, superar la representatividad supuso crear instrumentos para la democratización de toda la vida social a través de la participación. En función de ello, Chávez hizo un llamado a que el poder constituyente permaneciera activo y el pueblo siguiera ejerciendo la soberanía a través de él. Con el paso de los años, ese poder constituyente va adquiriendo formas concretas a través de los instrumentos que fueron pensados para que el pueblo organizado participara en la toma de decisiones vinculantes.
Instrumentos para la democracia participativa: 2004-2007.
Los círculos bolivarianos nacen a finales del 2001 y estaban pensados como espacios de formación y difusión de las ideas correspondientes a las tres raíces, de inmediato son demonizados. En el 2004, Chávez implementará los Consejos Locales de Planificación como los primeros instrumentos institucionales para el ejercicio de la participación popular. El perfeccionamiento y la creación de nuevas herramientas será un objetivo fundamental en el desarrollo de la democracia durante la segunda mitad del período presidencial, el líder piensa cómo mejorar los mecanismos a la vez que sugiere a su dirigencia no alejarse del pueblo. En el 2006 alerta que:
Ese es uno de los peligros que tenemos nosotros: que hablemos de la democracia participativa pero terminemos siendo otra cosa que cuerpos casi inertes de la misma falsa democracia representativa, que desconoce la soberanía popular, que expropia la soberanía popular, que atropella la soberanía popular.
La democracia revolucionaria que inicia en esa etapa busca una mayor participación real del pueblo. En esa época Chávez establece una diferencia fundamental entre la revolución democrática y la democracia revolucionaria, mientras que la primera “tiene un freno conservador” la segunda debe ser realmente poderosa y crecer en la medida en que avanza el proceso de transformaciones sociales. El sistema aún sigue siendo representativo pero entra en contradicciones cuando tiene que dar paso a la participación protagónica porque, como señala autocríticamente Chávez, “un gobierno encerrado en cuatro paredes tomando decisiones basado en la representación que un pueblo le dio, expropiándole al pueblo la soberanía, es contrarrevolucionario”. Salir de ese dilema supone fortalecer los instrumentos para la transición, que no se sabe cuánto va a durar, pero es necesaria. La representación no puede ser un freno para la participación. Al contrario, la participación debe asimilar en su metabolismo a la representación.
En su análisis, Chávez establece una hipótesis sobre la democracia que dice de la siguiente manera:
La democracia representativa, uno pudiera representarla como un arco. Ella tiene una etapa en la que funciona como democracia, pero así como un arco que cae. La tendencia inevitable de toda democracia representativa es derivar en un sistema de gobierno burocrático y elitesco. Pienso que es natural a ella misma, es natural al concepto. Eso hay que romperlo, hay que romperlo definitivamente y darle cada día más vida a una democracia vigorosa, participativa, protagónica, donde sea el pueblo el que tenga el poder y el control del poder.
La democracia socialista: 2007-2012
Romper con ese ciclo implica pasar a la construcción del socialismo, donde la democracia entendida como eje transversal de toda la sociedad cumple el papel más importante. A partir del 2007, en la Revolución Bolivariana y el pensamiento-acción de Hugo Chávez, el poder popular adquiere las formas más concretas, partiendo de que dentro del capitalismo no hay democracia posible, porque esta “no es el poder de la burguesía ni de las élites”. El sistema político sigue jugándose como “el reino de los conflictos” que se regulan a través de las instituciones, pero no las de las élites, sino de los instrumentos a través de los cuales se expresen las comunidades, con los cuales puedan organizarse.
El componente político del socialismo es la democracia popular revolucionaria. En el Golpe de Timón Chávez habla de “el socialismo y su esencia absolutamente democrática” diferenciándose del capitalismo que “tiene en su esencia lo antidemocrático, lo excluyente, la imposición del capital y de las élites capitalistas”. La relación es intrínseca entre socialismo y democracia porque la plena realización de esta última sólo es posible con el desarrollo del primero.
Hasta ahora hemos querido exponer los elementos de la crítica que Chávez hace a la democracia liberal, los primeros momentos en la nueva concepción de democracia que plantea la creación de instrumentos, así como el devenir histórico del proceso revolucionario que lo pone ante las puertas del socialismo y da un paso al frente. En otros artículos nos extenderemos en la idea de comunas como una expresión concreta de la democracia socialista, al igual que el desarrollo de la idea de socialismo. Por ahora los dejamos con la sentencia que Chávez hizo en 2010:
La mejor y la más radicalmente democrática de las opciones para derrotar el burocratismo y la corrupción es la construcción de un Estado comunal que sea capaz de ensayar un esquema institucional alternativo en la misma medida en que se reinventa permanentemente.

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