viernes, 30 de junio de 2017



EDITORIAL

De la guerra de perros a la guerra de 

constitucionalistas


“…que escriban pues la historia
 Su historia los hombres de
 Playa Girón…”
Silvio Rodríguez

Calificar de perros, a los connacionales enfrentados a muerte, en su propio territorio y por voluntad imperial; denota, connota, devela, denuncia, el cinismo tanático del Pentágono y sus títeres globales.
Dividir en dos bandos políticos la población de un país, simplemente con repetir mil veces el vocablo “polarizado”, aunque de un lado se incline el 70% de los -previamente estigmatizados- oficialistas; el otro 20% silvestre se declare indiferente; y solo un 10% o menos, se autoproclame oposición; acusa el poder de la tiranía mediática, enemigo mortal al cual no se puede derrotar con simple deliberancia retórica, mucho menos con campañas publicitarias tipo United Colors of Benetton y sus agudos contrastes raciales estelarizados en: USA for Africa-We are the World, por allá por los declinantes ochenta del siglo pasado, en yunta con el KKK y Michael Jakson, el negro más blanco del mundo.

El enemigo actual es cobarde
Nada merece potabilización en esta Guerra con la que nos asedian, no es verdad que todos los muertos sean iguales, ¡no sean mentirosos!, los guardias nacionales muertos son soldados de la Patria idénticos a quienes combatieron junto a Bolívar por la independencia, el mismo valor, la misma gallardía, el mismo arrojo con una diferencia: el ejército libertador estaba armado, apertrechado, y presto para la guerra entre hombres fieros. El enemigo actual, es cobarde, servil, drogo, mercenario; sus cabecillas semejan una sociedad de cucarachas, sobrevivientes de sus propias pestes parasitarias, rentísticas,  sus cabecillas remedan la excrecencia social que ha azotado la humanidad entera durante por lo menos los últimos quinientos años de esta moribunda civilización capitalista, judeocristiana burguesa. El Continente Americano lo confirma en toda su extensión a partir de la invasión europea. No por casualidad aquí nace y aquí extinguiremos  el  Imperio totalitario del planeta Tierra.

Ni con la “postverdad” podrán embaucarnos
En eso estamos, y por eso esta guerra disfrazada de asimétrica para cantar victoria anticipada, para doblegarnos de antemano, para que nos rindamos antes del combate, para que negociemos con la MUD otro Pacto de Puntofijo, porque no es cierto que USA sea todopoderosa, ni con su leyenda urbana de la tal posverdad  podrán embaucarnos, ni tan siquiera con sus asimetrías de supermanes y otras brujas, para no volver a morder tierra como la mordió en Vietnam, como la mordió en Bahía de Cochinos; para impedir otro Vietnam en cualquier lugar de este mundo y a cualquier  buena hora, y otra Bahía de Cochinos aquí en Nuestramérica, porque si alguna guerra ha sido palpablemente asimétrica y gloriosamente victoriosa ha sido la Guerra de Vietnam; si alguna invasión imperialista ha sido cobardemente asimétrica y cubanamente gloriosa, ha sido la de Bahía de Cochinos.


El “perdón de Diosdado”
Por eso ya está bueno de disquisiciones entre eruditos constitucionalistas de cualquier acera: la señora Luisa Ortega de Ferrer ya renunció y lo enunció: no acata, no obedece, al Tribunal Supremo y ya. Ella es caprichosa y malcriada cual mimada quinceañera menopáusica. La señora es una criminal de guerra, cómplice por omisión del ataque armado del ladrón de helicópteros. La susodicha señora se plegó a la renunciante Asamblea Nacional plegada a sí misma, la que se huele y se escarba el fondo del ombligo porque no tiene otra cosa que hacer sino azuzar su verdadera pelea de perros MUDaica, orquestada por el bufón infeliz, usurpador de la presidencia parlamentaria. La tristemente célebre Asamblea que agavilla huestes de adolescentes para entrenarlos en sicariato, linchamientos, narcoadicción, piromanía, y cualquier otro morbo difundido por la televisión, los videojuegos y el cine norteamericanos.
Nos sumamos con aplausos y voluntad de lucha  al “perdón” de Diosdado. Es parte de la historia, pero no permitamos más martirio. La sombra de la traición siempre nos ha acompañado, desde Bolívar hasta Chávez. Y las hemos vencido. El “yo” responsable de Diosdado forma parte fibrosa de nuestra conciencia en esta hora de calor. En eso, y en otras –y urgentes- necesidades de radicalización de esta revolución, todos somos Diosdado, todos somos Nicolás, todos somos Hugo.

La historia está por escribirse
Por ahí anda suelta una puntica mal amarrada, un hilo suelto, un encalamoque mal envuelto que tiene que ver con la doña extásicamente sedienta y, de trémula voz; la misma que a pocas horas de ser vitoreada, y de ella ensalzar a los sobrevivientes de los focos aventureros -con la excusa personalísima de homenajear a los asesinados por los verdugos adecos copeyanos del Puntofijismo-, se soltó el moño y se lo dio en ofrenda a Ramos Allup para refrendar su compromiso con la contrarrevolución, y su distancia ética y política con los hombres y mujeres cuyo nombre y trayectoria utilizó de mampara para mimetizarse con el chavismo, el socialismo, y el antiimperialismo bolivariano, surge una duda: ¿quién le diseñó esa táctica?, la respuesta brilla como  el diente de oro de Pedro Navaja, y duele como puñal clavado, por los traidores insepultos, en la memoria de Livia, de Jorge Rodríguez, de Pasquier, de Alberto Lovera y otros caídos…
La historia está por escribirse, apenas hay borradores a medio hacer, lo silenciado es más voluminoso que lo dicho, y lo descrito tiene la huella del Ego narrador de quien narra en primera persona y en ausencia de los testigos principales. La gesta guerrillera en Venezuela, su derrota pacificada por Caldera y sellada en sangre con el asesinato de Jorge Rodríguez, esconde entre sus páginas no escritas aún, la oprobiosa traición de muchos, los pasos sigilosos de aquellos que rondando las esquinas del miedo, no perdonan el coraje de quienes no retrocedieron, no pactaron, no se vendieron, no vendieron al pueblo. Quienes permanecen acechantes, envidiaron y seguirán envidiando eternamente a Chávez porque él logró lo que ellos no supieron, ni pudieron, ni siquiera vislumbraron que él haría.
Entre esos muertos, insepultos de la historia, le están escribiendo el guión a esa pobre señora de Ferrer.   

Kloriamel Yépez Oliveros
Federico Ruiz Tirado


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