sábado, 28 de mayo de 2016

URUGUAY/ Juan Manuel de Rosas

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Por Jorge Zabalza/ Voces/ Resumen Latinoamericano
Alrededor del primer tercio del siglo XIX, los pampas, tehuelches, ranqueles, mapuches y araucanos eran dueños de los dos tercios de lo que hoy es la Provincia de Buenos Aires. Sus malones asaltaban estancias, secuestraban mujeres y niños, robaban ganado para venderlo en Chile. El latifundio bonaerense, cuya fuente de riqueza era el comercio exportador de ganado, no tenía otro remedio que encontrar una solución final al ‘problema’. Al iniciar la ‘Campaña del Desierto’, Juan Manuel de Rosas prometió: ‘quedarán libres para siempre nuestras dilatadas campañas y habremos establecido la base de nuestra riqueza pública’. De la ‘pacificación’ del desierto -que, en realidad, eran praderas muy fértiles- salieron enriquecidos los amigos y protegidos del ‘Pacificador’ -como sus primos, los Anchorena-, pero también se conquistó un inmenso territorio codiciado por los británicos y chilenos. Planificada y ejecutada por Juan Manuel de Rosas, consolidó el Estado argentino, fue implacable con quienes se opusieron a sus planes y muy generosa con aquellos que se avinieron a respetar las fronteras fijadas por el caudillo Rosas. Crió como hijo suyo a Mariano, hijo del cacique Payné y se hizo socio de Calfucurá, quien cada año repartía entre los pacificados las 1.500 yeguas, 500 vacas, bebidas, yerba mate, tabaco, azúcar y grasa que le hacía llegar don Juan Manuel.
En 1845 las armadas de Inglaterra y Francia se propusieron ‘abrir’ por la fuerza el río Paraná para ‘liberar’ el comercio con las provincias argentinas y el Paraguay, es decir, vender muy caro sus productos industrializados y comprar muy barato las materias primas. Enviaron una flota de 22 barcos de guerra -impulsados por los recién inventados motores a vapor- y casi cien barcos mercantes con novecientos soldados británicos protegidos por 450 cañones de acero. Esperaban en la Vuelta de Obligado las tropas criollas al mando de Lucio Mansilla, unos seis barcos mercantes a vela, 60 viejos cañones de bronce y toneladas de coraje para derrochar. Aunque sumamente averiados por la metralla, los barcos imperialistas lograron romper las cadenas conque los criollos habían cerrado el paso del río. 250 muertos y más de 400 heridos sembraron su sangre en la Vuelta de Obligado, heroísmo que convocó la resistencia popular en las provincias y haciendo pírrica la victoria imperialista. Junto con tropas de Brasil y del general Fructuoso Rivera, los invasores terminaron encerrados en Montevideo, ciudad habitada más de 15.000 europeos, 11.500 orientales y 3.000 argentinos (unitarios, por supuesto), un reducto reaccionario de las fuerzas traicionaron el artiguismo para fundar la república del Uruguay. Luego del largo sitio puesto a Montevideo por el ejército comandado por Manuel Oribe, las armadas europeas terminaron retirándose, pues les salía demasiado costoso mantener la libre navegación del Río de la Plata y el Paraná. Parecían derrotados los apetitos colonialistas, pero el imperio de Brasil corrió a salvar de la derrota a sus aliados, los ‘unitarios’ bonaerenses y los ‘colorados’ montevideanos. El proyecto nacional fue finalmente derrotado en la batalla de Caseros en el año 1852 y Rosas debió exiliarse a Europa.
Historia escrita por los ganadores
Juan Manuel de Rosas fue, sin dudas, una figura central en la historia del Río de la Plata: como arquitecto del Estado argentino y conductor político de una trascendental guerra antimperialista. Sin embargo, en las escuelas y liceos del Uruguay lo presentaban como un tirano sanguinario; como señala Mario O’Donell, Rosas fue ‘el maldito’ de la historia oficial del Río de la Plata. Según Charles Darwin, que visitó el campamento de Rosas: “nunca se ha juntado un ejército que se parezca más a una partida de bandoleros. Casi todos los hombres son de raza mezclada; casi todos tienen en las venas sangre negra, india y española. No sé por qué, pero los hombres de tal origen rara vez tienen buena catadura”. Puro racismo occidental y cristiano hacia la cultura criolla de los pueblos integrados por gauchos, mulatos, negros libres y pobladores originarios, la misma composición del ejército de José Artigas. Entre Mitre, Sarmiento y Alberdi defenestraron por ‘bárbaros’ a todos los caudillos montoneros que resistieron el proyecto antinacional y proimperialista del patriciado platense. Juan Manuel de Rosas fue la principal víctima de esta tergiversación de la historia al gusto de los colonizados por la cultura europea. Don Juan Manuel no figura en el nomenclator de Montevideo…es el reconocimiento más claro de su condición antioligárquica y antimperialista.
La interpretación subvertida de la realidad surtió efectos políticos mientas los acontecimientos estaban en pleno desarrollo, muchísimo antes de que fueran historia. Así fue que, junto con decenas de italianos, Giuseppe Garibaldi, carbonario piamontés, republicano convencido, supuso que Montevideo era una ‘nueva Troya’, bastión de la cultura y la civilización, asediada por el salvajismo retrógrado. Garibaldi se equivocó y se incorporó a las filas más reaccionarias del Río de la Plata. La revolución pasaba por aquellos ejércitos desarrapados, de cultura mestiza, que conmovieron América Latina desde las revueltas de los esclavos y libertos que fundaron Haití a fines del siglo XVII, hasta la insurrección campesina del zapatismo a comienzos del siglo XX.
La batalla de Santa Inés
Los primeros años del 2000 parieron un proceso inesperado, las movilizaciones sociales contra el neoliberalismo tomaron forma política como partidos que obedecen a la denominación general de ‘progresistas’ y que ganaron elecciones en Venezuela, Brasil, Uruguay, Chile, Ecuador, Bolivia y Argentina. Ganar elecciones quiere decir algo, pero no afectó al poder de la oligarquía, heredera del viejo patriciado del siglo XIX, y de los EEUU, continuador de los imperios europeos.
A Hugo Chavez no le dieron respiro, su ley de Hidrocarburos era un mal ejemplo para América Latina y el mundo y a poco de empezado su gobierno, ya había un golpe de estado en marcha. El equipo de George Bush, enfermo de guerrerismo y aprovechando el clima dejado por los atentados a las torres gemelas, arremetió contra el presidente legítimo de Venezuela. Declaraciones de funcionarios, presiones militares, complicidad de la cúpula gerencial de PDVSA, de la jerarquía eclesiástica y de los dirigentes sindicales de la CTV. Estaban repitiendo el esquema de la acción desestabilizadora en el Chile de 1973. El 11 de abril del 2002 intentaron derrocar a Chávez por la fuerza, pero los impidió su firmeza para no renunciar, la fe del pueblo venezolano y la dignidad de algunos militares. La acción de francotiradores y la represión policial en los alrededores del Palacio Miraflores, dejaron 19 muertos y cientos de heridos. La OEA no movió un pelo para repudiar el golpe y la violencia en las calles de Caracas. Dos días después Chávez volvió al gobierno.
Una vez fracasada la intentona, el golpismo debió abandonar la táctica. y organizó el sabotaje petrolero entre diciembre del 2002 y febrero del 2003. Venezuela tuvo pérdidas calculadas en 20.000 millones de dólares. La mayorría del pueblo venezolano, sin embargo, se mantuvo firme en su respaldo al gobierno de Chávez. En consecuencia, fue necesario cambiar nuevamente la táctica y recurrieron a un instrumento incorporado a la constitución bolivariana de 1999: usaron el referéndum revocatorio como arma para derrocar el gobierno. En aquél entonces, la derecha cometió ‘errores’ con las fechas para habilitar la consulta popular y se descubrieron cientos de miles de firmas falsificadas, debieron realizar dos campañas de recolección hasta que se alcanzaron las suficientes. La película ‘referendum’ que nos está dando Capriles Radonsky hoy día es la misma que nos dió en el 2004.
El 3 de junio del 2004 Hugo Chávez dió comienzo a la que llamó batalla de Santa Inés, recordando la dada por la milicia federalista de Ezequiel Zamora en 1859, cuando retrocedió hasta el poblado con dicho nombre, para atraer el ejército enemigo, emboscarlo y derrotarlo. Los enemigos de Zamora eran los mismos que quisieron tumbar a Chávez y los mismos que ahora enfrenta el pueblo bolivariano. El 15 de agosto el chavismo obtuvo el apoyo de casi el 60% del electorado: en realidad, más que revocatorio, el referéndum fue ratificatorio de la mutua confianza entre el pueblo venezolano y su líder. Le propinó tremenda paliza a la reacción venezolana impulsada los mayores y más inescrupulosos empresarios. No lo perdonarán jamás, ya tienen sus Mitre y sus Sarmientos distorsionando la realidad en la prensa, los análisis y los libros de historia.
Giuseppe Garibaldi
El 5 de noviembre del 2005, al influjo de Hugo Chávez y su energía desbordante, el progresismo latinoamericano se colocó en el orillo una marca antimperialista. Lula da Silva, Néstor Kirchner y Tabaré Vázquez y el presidente de Paraguay, Nicanor Duarte, lo secundaron para impedir que la IV Cumbre de las Américas, realizada en Mar del Plata, aprobara otro engendro similar a la ‘alianza para el progreso’ aceptada en Punta del Este, 1961. Sin la intervención de Hugo Chávez, América Latina habría sido derrotada. ¡Qué humillación para los EEUU! y, en particular, para su presidente George Bush, el que olía a azufre. La persecución a Hugo Chávez ha sido implacable. El imperio lo colocó en el mismo lugar de ‘maldito’ donde habían colocado a Juan Manuel de Rosas. Ahora la ‘civilización’ son los EEUU y Europa, sus invasiones armadas en Medio Oriente y su racismo con los refugiados que huyen de la guerra. Nos quieren dar lecciones de ‘democracia’ desde la CNN y la BBC. La OEA suena a través de su secretario general, augurando las intervenciones armadas que siempre fueron el juego del imperio. Sin olvidar que Luis Almagro es lo más estrepitoso del fracaso de esa política de alianzas de ‘abrazarse con las culebras’ característica del MPP.
Entnces, ¿qué hacemos desde la intención de hacer la revolución? ¿sumamos al coro de las críticas el análisis marxista de las múltiples debilidades y errores del actual gobierno venezolano? ¿hacemos como Garibaldi y terminamos aliados de hecho a las fuerzas más reaccionarias del mundo? No cabe olvidar que, durante décadas, los socialistas y comunistas argentinos sumaron argumentos ‘objetivos y científicos’ a la condena mitrista a Juan Manuel de Rosas. El falso dilema ‘civilización o barbarie’ continúa confundiendo y ocultando por dónde caminan los pueblos sin pedirnos permiso a los comentaristas de la realidad. No tengo dudas que se fumiga y defenestra hoy día a Nicolás Maduro con la misma intención ideológica conque se defenestró y fumigó a Juan Manuel de Rosas, aunque, por supuesto, el presidente venezolano ofrece muchos más flancos débiles que fortalezas. Aún así, no tengo ninguna duda en abrazarme con el 35% del pueblo venezolano, el que se autoproclama chavista y antimperialista y que cree estar caminando hacia el socialismo y soportar, junto con ellos, las estupideces de algún filósofo de boliche. Es el mismo pobrerío mestizo que menospreció Darwin, el que rodeó a José Artigas y a Simón Bolívar…la revolución pasa por esa abigarrada muchedumbre de camisas rojas.

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