sábado, 16 de abril de 2016

Clodovaldo Hernández: Pensando mal sobre el TSJ y la Ley de Amnistía

Clodovaldo Hernández 2Minuto en serio
Los malpensados, que habitan en ambos lados del espectro político, piensan que una buena parte de la dirigencia opositora está indignada únicamente de la boca para afuera con la decisión de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia en torno a la Ley de Amnistía.
Alegan que, en realidad, esos dirigentes están muy felices porque si en las actuales circunstancias saliera en libertad el líder de Voluntad Popular, Leopoldo López, todos los cachicamos de la Mesa de la Unidad habrían estado trabajando pa’ lapa.
La declaratoria de inconstitucionalidad, al mantener la situación de los autodenominados “presos políticos”, favorece a los que tienen sus planes enfocados en la vía electoral, destacando entre ellos al dos veces candidato presidencial opositor, Henrique Capriles Radonski, quien aspira a dar la vencida en la tercera.
Los malpensados del ala pirómana de la MUD ahora dicen que el proyecto de ley fue elaborado a propósito con características muy cuestionables, de manera que a los magistrados se les hiciera fácil descalificarlo. En todo caso, nadie tuvo la precaución de hacer esa advertencia cuando todavía la Asamblea estaba a tiempo de hacer más potable el instrumento jurídico.                                         Minuto más o menos en serio
Boliburgueses y terroristas. En su afán de crear matrices adversas a la Revolución venezolana, la prensa española es capaz de cualquier cosa, incluso de tomar como fuente digna de crédito a un individuo que está acusado de haber colocado un artefacto explosivo en una de las sedes de la embajada de su propio país en Caracas.
En una nota sobre la presencia de “boliburgueses” en Miami, el diario El País cita las declaraciones de José Antonio Colina, un oficial de la Guardia Nacional señalado como autor del mencionado atentado terrorista, quien en Miami funge como líder de los venezolanos exiliados.
La nota, por cierto, se enfoca en la molestia de los venezolanos opositores (que son la casi totalidad de los compatriotas mayameros) porque últimamente han comprado propiedades comerciales y viviendas algunas personas a las que identifican como “boliburgueses”. Dicen que es muy dudoso el origen de los fondos que utilizan para entrar como inversores en Estados Unidos. El trabajo periodístico no aborda el otro lado del asunto, que también genera muchas dudas, es decir, de dónde han sacado los fondos los otros venezolanos, los no boliburgueses, que son propietarios de urbanizaciones completas en esa ciudad y en otras de Florida.
Un detalle que raya en el ridículo es que el diario español cita como ejemplo de un boliburgués que tiene propiedades en Miami al alcalde de Puerto La Cruz, Magglio Ordóñez. Se comprende que los españoles no saben mucho de beisbol, pero eso no justifica que antes de hacer una acusación así no realicen la elemental rutina periodística de documentarse un poco. Así entenderían que ese señor jugó durante 14 años en las Grandes Ligas con los equipos Medias Blanca de Chicago y Tigres de Detroit, fue campeón bate de la Liga Americana en 2007 y participó en seis juegos de Estrellas. Cualquiera que sepa cuánto gana un pelotero de grandes ligas (sobre todo si tiene una carrera exitosa y larga) entiende que tiene con qué comprarse no una, sino varias mansiones en Miami.
En fin, deberían buscarse fuentes menos cuestionables y ejemplos menos necios.
Minuto loco
La talanquera de Frijolito. El ex candidato presidencial Henrique Salas Römer anda por ahí quejándose amargamente porque uno de las pocas cuotas de poder que le quedaban a su partido, Proyecto Venezuela, la alcaldía de Naguanagua, pasó a manos de Voluntad Popular, tras el salto de talanquera de Alejandro Feo La Cruz. La calentera es grande porque, además, el alcalde es familiar de Salas Römer. “Lo que le duele, en verdad, es perder la caja chica”, comentó un conocedor de la muy goda política carabobeña.
Requisitos éticos para desmentir. Algunos periodistas tienen una visión muy particular de su derecho a informar, que abarca el propalar rumores, versiones no confirmadas, runrunes y chismes. Otros van más lejos y exigen que si alguien pretende desmentirlos, lo haga según sus reglas (las del periodista). Por ejemplo, una comunicadora radicada en EEUU informó que un diplomático venezolano había fallecido de cáncer en un hospital de Miami. El funcionario, utilizando el Twitter, aclaró que sigue vivo, pero la periodista exigió pruebas más creíbles que un trino. Le propuso que se grabara a sí mismo con un diario del día en las manos y difundiera el video por las redes sociales. Al parecer, para ella, lanzar un rumor por Twitter es ético, pero desmentirlo no.

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