martes, 9 de mayo de 2017



POR QUÉ EL RANGO DE CONSTITUYENTE? – MANUEL BRICEÑO MÉNDEZ

El que no cambia todo no cambia nada
Ha despertado muchas alergias la convocatoria a una constituyente como si se tratara de un invento nuevo que no se entiende o no se hubiera vivido nunca. Ciertamente, no es usual que esta convocatoria se haga y se abran los espacios para que el pueblo soberano se pronuncie sobre los actos y las cosas que cambian el rumbo de la historia de un país.
Por una parte, están los opositores, en plural porque sus posiciones no son las mismas. Obviamente se tienen que oponer a la constituyente porque su opción nunca será apoyar medida alguna del Gobierno Bolivariano, no obstante que su dirigencia esgrimió la constituyente como bandera momentánea el año pasado, sin mucho éxito porque en verdad no les interesaba: su plan era y sigue siendo el golpe de estado continuado y el asalto del poder, para poder revocar la Revolución. Sus aparentes diferencias están en el método, no en el objetivo, porque el plan verdadero consiste en articular las diferentes modalidades que han venido utilizando: desde la violencia mercenaria, pasando por defecar en público o mostrar las tetas, pero… ¡el plan es uno solo, tumbar la Revolución!
Luego están los sabedores de la política, que también son oposición pero no lo asumen abiertamente y se escudan en análisis histórico – jurídico, buscando descalificar no solo la decisión tomada y asumida por el Presidente Nicolás Maduro, sino la legitimidad de su mandato bajo el argumento de la improcedencia de la Constituyente en lugar de una Reforma a la Constitución, con lo cual se estaría violentando la Carta Magna y generando un golpe de estado al revés, propiciado no por la oposición sino por el gobierno bolivariano. Se trata de armar un escenario apropiándose de los sujetos clave del discurso del chavismo; la dictadura no la impone la oposición sino el gobierno: Maduro Dictador; la violencia no la propicia la oposición sino los cuerpos de seguridad del Estado que reprime a los que protestan la dictadura y, finalmente, quién defiende la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y al mismo pueblo chavista es la oposición porque el gobierno nos traicionó.
Por otra parte, hay las opiniones dentro de chavismo revolucionario que expresa, con toda razón, sus inquietudes y aprehensiones que podríamos resumir en si la lectura política del momento y la coyuntura es correcta; o si era necesario llegar hasta una constituyente y si tenemos la fuerza necesaria para salir victoriosos; contando además las debilidades del propio gobierno con tanto camaleón infiltrado que solo ha hecho de la revolución un negocio; o tanto tránsfuga que ahora abandona el barco porque siente que está haciendo agua y ya no le asegura el estatus que disfrutó durante estos 18 años de transición al socialismo; o simplemente los caballos de Troya que se vendieron hace un rato y venían haciendo su trabajito bien pagado saboteando la revolución.
Así las cosas, de tanto querer ver el bosque perdemos de vista los árboles. El proceso constituyente que se inició en 1999 y tuvo como colofón inmediato la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, no terminó allí porque aunque tenemos una Constitución reconocida y alabada por propios y extraños, no logró avanzar lo necesario para transformar profundamente el Estado; es una Constitución innovadora pero con gazapos y limitaciones porque su elaboración estuvo matizada por la acción de la misma oposición que hoy se subleva contra la Revolución.
Luego de promulgada la Constitución Bolivariana, necesario fue adecuar el Marco Jurídico a esa nueva constitución, era necesario hacer las leyes socialistas, por eso el proceso constituyente continuó y aún no ha no ha terminado, porque todavía siguen vigentes leyes que se derivaron de la Constitución de 1961; es decir, es necesario y urgente terminar de adecuar toda la normativa jurídica a lo establecido en la Constitución Bolivariana.
Pero es asunto no se queda allí, porque el problema no es de naturaleza jurídica sino política. No fue gratuito que, en otro escenario político, el mismo Comandante Hugo Chávez convocara una Reforma a la Constitución Bolivariana, porque el fin último de su proyecto político siempre fue la refundación de la República – la V República-, y para que eso sea posible es necesario refundar el Estado: el nuevo Estado, el Estado Comunal, la Nueva Geometría del Poder. Todo eso amerita una nueva institucionalidad porque no se cambia el Estado desde las estructuras burocráticas del viejo Estado.
La nueva institucionalidad siempre estuvo y debe estar presente en los objetivos estratégicos del proyecto político revolucionario, ligada a la territorialización de las políticas públicas – el Socialismo Territorial -, que no es otra cosa que el Poder Popular. Es por eso que el Poder Popular y las Misiones deben tener rango constitucional: es sobre las Misiones, bajo el principio de la democracia participativa y protagónica que se construye el nuevo Estado, la nueva institucionalidad: el Estado Comunal. ¡Comuna o nada!
No es poca cosa lo que hemos avanzado, pero llegamos al punto de no retorno: o cambiamos el Estado o la Revolución se pierde. La Revolución es permanente, revolución en revolución. La conspiración es permanente, no pueden aceptar que la hegemonía del Imperio se comprometa con nuevos bloques emergentes en el reacomodo geopolítico mundial, y que la República Bolivariana de Venezuela siga siendo el ariete de esos nuevos bloques emergentes. Lo que no puede ser permanente es la transición al Socialismo, o somos socialistas o no somos: he aquí el dilema.
Llegó la hora de la Patria Bolivariana y Socialista, llegó la hora del combate: Unidad, Lucha, Batalla, Victoria … Venceremos!

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