miércoles, 5 de julio de 2017

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5 de Julio de 1811: Lucha de clases y liberación nacional

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Por: Luis Oswaldo Dovale Prado 
El 5 de julio de 1811 fue resultado de una profunda crisis política, económico-social y cultural que se contextualizó en el ámbito internacional y venezolano y cuyo corolario fue el desplome del modelo colonial impuesto durante siglos por España a los americanos. Con este proceso se inició una época de revolución independentista continental que produjo la derrota de un imperio que pretendió fijar sus límites territoriales planetarios entre el naciente y el poniente del sol.
A los sucesos del 19 de abril de 1810, siguió otro momento de particular significación histórica nacional: la declaración de independencia el 5 de julio de 1811. Ambos hechos, en torno a los cuales ocurrieron un conjunto de situaciones originadas en aquella sociedad constituida sobre la base de las más terribles desigualdades económico –sociales, no se pueden comprender sin reconocerles su insalvable conexión. En consecuencia, su más importante implicación fue la decisión de organizar el más inédito ensayo republicano que registra la historia nacional y el cual estuvo orientado por hombres que eran de la nobleza territorial y formados en el pensamiento del liberalismo europeo de entonces: letrados, clérigos y militares, tal como lo glosa el historiador Manuel Donís Ríos (2012): "No olvidemos que los integrantes del Congreso pertenecen a la élite en su casi totalidad. Son los hijos putativos del sistema, los padres de familia y por tanto detentan privilegios que sólo a ellos corresponden. Así lo estableció el Sínodo de Caracas de 1687, en el que se diferenció entre dos tipos de personas: los padres de familia y la multitud promiscuar. Los primeros poseen parentela, haciendas, servidumbre y esclavos. La obligación de los restantes es obedecerlos."
Inicialmente se agruparon en un organismo denominado Junta Suprema, constituida como gobierno de las provincias de Venezuela en defensa de los derechos de Fernando VII (monarca depuesto por la invasión de los franceses a España desde 1808). Los acontecimientos que siguieron a la conformación de esa instancia, condujeron a organizar la elección de un Congreso de más de cuarenta diputados en representación de siete provincias, logrando la de Caracas más del 50 por ciento de sus miembros. Las deliberaciones comenzaron desde el 2 de marzo de 1811. Las ciudades de Coro, Maracaibo y Guayana no estuvieron presentes porque sus ayuntamientos estaban en contra.
Las contradicciones entre la oligarquía territorial del interior con la que residía en el centro, no tardaron en ponerse en evidencia en los debates parlamentarios. En relación a esta cuestión, el 2 de julio de 1811, intervino el diputado de Mérida, coronel Antonio Nicolás Briceño, y manifestó: "...y yo sospecho que si Cumaná no reconoce el poder ejecutivo, es porque está el Congreso en Caracas, y no quiere convenir que la opinión pública de Caracas sea la general de Venezuela." Y, por su parte, Juan José Maya, representante de la Grita decía: "Resulta que el Congreso es un pupilo de Caracas, puesto que ella debe dirigirlo, ella solo piensa, ella solo tiene opinión pública y nadie como ella tiene luces y conocimientos. Salgamos pues, de este pupilaje que tardará poco en oprimirnos".
En idéntico sentido, el diputado Unda, vocero de Guanare, en sesión del 12 de julio de 1811, reclamaba: "Guanare conoce que puede influir Caracas en su prosperidad territorial; sus caudales y los productos de sus cultivos forman una parte considerable de las rentas públicas que traídas a Caracas imposibilitan a los habitantes de Guanare de tener ningún establecimiento beneficioso, industrial ni de educación, llegando su miseria hasta carecer de escuelas de primeras letras, un distrito que cuenta 25.000 almas de población..."
Sin embargo, refutando lo dicho por Briceño y los otros congresistas, el general Francisco de Miranda, escogido por el Pao, argumentó: "No puedo permitir que se diga en esta asamblea que es imposible que puedan cuarenta hombres abusar de la autoridad […] Hasta los niños que han leído la historia, saben que mil doscientos hombres escogidos en Francia, como lo hemos sido nosotros, se arrogaron todos los poderes, se volvieron unos malvados, e inundaron de sangre, de luto y desolación a su patria [...] Nuestros argumentos deben apoyarse sobre hechos verdaderos: hemos dividido los poderes, porque lo hemos creído necesario; debemos ser muy cautos en sostener esta división […] Los cuerpos colegiados pueden ser tiranos, cuando no hay una exacta división de poderes"
Por consiguiente, es indudable que a pesar de todos estos inevitables enfrentamientos, prevalecía el consenso sobre el objetivo común de alcanzar la independencia y organizar un sistema político fundado en la igualdad para sí y no entre todos, o como lo dijera Parra Pérez: "…querían la democracia, pero entre ellos y para ellos…", en la que no estuviesen ni esclavizados, ni peones, ni pardos ni cualquier otra clase explotada y pobre. Por esa razón, en ese escenario no estuvieron presentes o representadas las masas laboriosas y humildes de la población y ni siquiera documentalmente se demuestra que éstas hubiesen acogido con entusiasmo aquel episodio que, sin dudas, estaba llamado a permanecer por siempre en la memoria histórica nacional. Confirma esta aseveración un parte emitido por el Intendente de Ejército y Real hacienda, Vicente Basadre, quien narraba, para sus superiores, lo que apreció en su recorrido por la ciudad el día siguiente al 19 de abril de 1810: "No encontré de mi casa al cuartel que es bien distante, sino gente de ambos sexos rezando a las puertas de las iglesias que estaban cerradas y nadie me dijo una palabra descompuesta, por lo que juzgo que la revolución es obra de la nobleza"
Por otra parte, el historiador Manuel Pérez Vila escribe que en la mañana del 5 de julio, "...a primera hora de la tarde se procede a la votación; hecho el recuento, el presidente del Congreso, Juan Antonio Rodríguez Domínguez, diputado por Nutrias, anuncia solemnemente que queda proclamada la independencia absoluta de Venezuela." La redacción del acta fue encomendada al diputado por Calabozo, Juan Germán Roscío, quien procedió a elaborarla con la colaboración del secretario Francisco Isnardi. Fue presentada y aprobada en sesión del 7 de julio y apareció en gaceta el día 16 del mismo mes y año. Al inicio de este documento se exponen al mundo los derechos soberanos irrenunciables de nuestra patria y la relación causa-efecto de lo ocurrido el 19 de abril de 1810 y el 5 de julio de 1811. No obstante, la ruptura emancipadora que se iniciaba estaba carente de propósitos y contenidos democráticos y populares, era excluyente de las reivindicaciones más sentidas de la población más indigente y sólo perseguía imponer, en beneficio de la nobleza territorial y de los comerciantes, su proyecto de país por la vía de la independencia. Esta ausencia de mensaje transformador de las viejas estructuras económico-sociales provocará que mayoritariamente la población desheredada de derechos y recursos de vida se volcara en contra de aquel proyecto, históricamente justo y progresista, condenándolo al fracaso durante la instauración de la primera y segunda república. Testigos directos de aquella lucha, como Francisco Rodríguez del Toro, Juan Nepomuceno Rivas y el Conde de Tovar, al enjuiciar la participación de las clases explotadas en esos acontecimientos, coinciden en opinar: "El pueblo es adverso a la Junta, los pardos las resisten creyendo perder su libertad; el vecindario la repugna [...] La ciudad se halla en el caos de una guerra intestina, y se ha dividido en partidos destructores."
Pero, como siempre ha pasado en los grandes períodos revolucionarios, el movimiento de liberación venezolano de principios del siglo XIX fue corrigiendo sus limitaciones. Mostró a sus líderes que la victoria contra el dominio colonial español sería imposible si en los hechos concretos (discurso y realizaciones) no se incorporaban las aspiraciones de los más desamparados y excluidos que en Venezuela nacían y morían con esa misma condición. En este sentido, el profesor Alland Dovale Prado anota: "Los fracasos del primero y segundo ensayo republicano eran irrefutables ejemplos de la falta de contenido y de apoyo popular en el proyecto independentista inicial. No entender esta verdad era colocarse de espaldas a la historia y retrasar el proceso de liberación nacional. Es aquí donde la lucha adquiere su verdadero carácter revolucionario y se adoptan medidas que radicalizan sus objetivos"

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