martes, 11 de julio de 2017

*Argimiro Gabaldón al encuentro con Bolívar*


Hoy Argimiro Gabaldón será llevado al Panteón Nacional a encontrarse con Bolívar. Su vida estuvo guiada por el ideario bolivariano, al punto de que el frente guerrillero que dirigió se llamó “Libertador Simón Bolívar”. Es justo, por consiguiente, que repose cerca del Padre de la Patria. Así “otra mano que tú no conociste entonces viene también, Bolívar, a estrechar a la tuya”.
La vida siempre unió a estos dos personajes: a Argimiro de La Santísima Trinidad Gabaldón Márquez, con Simón de La Santísima Trinidad Bolívar y Palacios. Cuentan que en 1959, cuando Pablo Neruda visitó Venezuela, se hospedó durante tres días en la Hacienda de Santo Cristo en Biscucuy, estado Portuguesa, propiedad de la familia Gabaldón, donde nació Argimiro. Allí él y su padre, José Rafael Gabaldón, fueron sus anfitriones. Hablaron de muchos temas, pero sobre todo hablaron del Libertador. Del poema Un canto para Bolívarporque “todo lleva tu nombre, padre, en nuestra morada”. Cuando Argimiro llegue el 15 de julio al Panteón, al encuentro del “pequeño cadáver de capitán valiente” que es Bolívar, le dirá: “Otra vez entre pólvora y humo tu espada está naciendo. Otra vez tu bandera con sangre se ha bordado. Los malvados atacan tu semilla de nuevo. Pero hacia la esperanza nos conduce tu sombra. Tu voz nace de nuevo, tu mano otra vez nace. Tu ejército defiende las banderas sagradas”. En momentos cuando sobre la Patria se cierne la amenaza de la destrucción y la guerra, el pueblo que lo acompañe ese día se comprometerá: “Libertador, un mundo de paz nació en tus brazos. La paz, el pan, el trigo de tu sangre nacieron. De nuestra joven sangre venida de tu sangre saldrán paz, pan y trigo para el mundo que haremos”.
Su hermano Edgard dice que Argimiro “desde niño vivió en el mundo de los héroes como Bolívar”. Aprendió las primeras letras en el libro Mantilla, escrito por José Martí. Años después leyó La edad de oro, y allí aprendió que Bolívar “ganó batallas sublimes con soldados descalzos y medios desnudos. Todo se estremecía y se llenaba de luz a su alrededor. Los generales peleaban a su lado con valor sobrenatural. Era un ejército de jóvenes. Jamás se peleó tanto, ni se peleó mejor, en el mundo por la libertad”. Cuando él junto al pueblo se planteó completar la obra del Libertador, se fue a la guerrilla; y luchó también con “soldados descalzos y un ejército de jóvenes” en las montañas de Venezuela. Los que lo acompañaron recuerdan que “todo se estremecía y se llenaba de luz a su alrededor”. Argimiro mantuvo un compromiso de amor con su pueblo. Repetía: “Mucho deseo tener los conocimientos que se requieren para mejor servir a la Revolución, pero por ninguna razón me apartaré ahora de mi pueblo, él ha sido siempre el gran maestro de sus conductores, él me enseñará a servirle”.
El 13 de diciembre de 1964, Argimiro es víctima de un disparo accidental que le quita la vida a los 45 años de edad. Pero él simboliza la vida y la alegría, en tremenda lucha contra la tristeza y la muerte. El pueblo lo llevará al Panteón. Parafraseando a Miguel Ángel Asturias, el pueblo cree en la resurrección de los héroes y en la vida perdurable de los que luchan por la Patria. Para nosotros, Argimiro es “una llama ardiendo eternamente”.

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