viernes, 14 de abril de 2017


TESTIMONIO PAÍS ADENTRO – INGRID CHICOTE

El 11 de abril del 2002 la derecha se quitó la máscara completamente: creyeron haber coronado el golpe de Estado contra la institucionalidad y el pueblo venezolano. Creyeron que tendrían la fuerza moral para cohesionar sus acciones tras la figura prefabricada de Pedro Carmona Estanga. No contaron que el pueblo había cambiado: no fue en balde la preparación y la formación de conciencia desde los años sesenta. El pueblo reaccionó por los cuatro costados de la Patria.
El 11 de abril nos mostraron los rostros auténticos de quienes aspiraban un baño de sangre para justificar sus acciones posteriores: represión y muerte. En Villa de Cura, cada vecino estaba en sus casas, viendo con asombro, el suceso de facto que imponía una amenaza a los logros que habíamos alcanzado desde la Constituyente de 1999. Por supuesto sabíamos que Chávez no iba a renunciar, que no nos podía traicionar, que no tendría miedo de enfrentar esta miserable hazaña.
Y así fue. Ya nos veníamos percatando que estaban planificando algo así desde la posición de la Gente del Petróleo, PDVSA Chuao, Fedecámaras y de su show protestando las medidas en contra de la nacionalización de nuestra empresa petrolera y del cambio de estrategias económicas. Chávez tocó y puso en la palestra pública la enorme cantidad de intereses de particulares en contra del pueblo. No se lo podían perdonar. El Opus Dei, daba instrucciones, intentando motivar una arenga que pudiera revertir la voluntad del pueblo empoderado. Para eso los medios de comunicación, especialmente Globovisión y CNN, entre otras televisoras y medios privados e interesados en posicionar una crisis de pueblo contra pueblo, tenían una programación dirigida a estimular lo honroso de la burguesía y el odio. A ellos, a la burguesía de este país, no les gustó que el pueblo tuviera mejoría en sus condiciones de vida. No era concebible para ellos. Sólo conciben dos clases: los pobres y los explotadores.
En medio de la sorpresa que me mantenía pegada a la televisión, llegaron a mi casa algunos amigos, era tarde. La madrugada nos tenía en vilo, pero en la mañana del 12 de abril, espontáneamente, la gente comenzó a reunirse en La Romana, en la Avenida Bolívar de Villa de Cura. Los mensajes no dejaban de llegar advirtiendo que teníamos que recuperar a Chávez y la institucionalidad del país: nos habían tocado algo sagrado: nuestra Constitución. Había que recuperar a la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.
El pueblo llano estaba en peligro. De esta manera un grupo de los convocados salió rumbo a La Placera, en Maracay y los demás atravesamos Villa de Cura desde La Romana hasta el Peaje de San Juan de los Morros, donde trancamos el paso de la Carretera Nacional San Juan – La Villa – Cagua. Allí sabríamos si los militares que lideraban el Fuerte Conopoima eran leales o no. Pablo Caracas y mi persona íbamos por el medio de la calle gritando consignas, y la gente se iba anexando.
¡Queremos vivo a Chávez! ¡No nos moverán! ¡El pueblo unido jamás será vencido! Las caras eran comunes a todas las que pasean este pueblo todos los días. Fue algo demasiado espontáneo y la gente se nos fue sumando y cuando llegamos al peaje medio pueblo estaba con nosotros: ¡De aquí no nos vamos a mover hasta que aparezca Chávez vivo!
La organización no fue premeditada. Recuerdo las caras de Gladys Palencia, Angélica LLovera, Ángel Tirado, Emilio Pino Salinas, Eliana Torrealba, mi persona. Era demasiada gente. Trancamos a pesar de que un grupo nos pedía que no lo hiciéramos ¡aquí no pasa nadie hasta que no aparezca Chávez vivo! Temíamos por la vida de Chávez y sabíamos perfectamente lo que pretendía hacer el gobierno de derecha apoyados por los militares de derecha y por la CIA. Ya habíamos discutidos muchas veces ese escenario: exterminio y cuenta nueva. Estábamos conscientes que éramos carne de cañón, pero no había otra opción: Vencer o morir.
En el peaje San Juan Villa de Cura Cagua estaba volcado el pueblo. Un familiar de la familia Cisneros que iba hacia el Oriente del país quiso pagar para pasar: “¡Pues no! Aquí el pueblo no privilegia a la burguesía. Aquí sólo habrá paso cuando aparezca Chávez”. Gladys Palencia me decía que los dejara pasar. “Aquí nadie pasa. Así recordaran perfectamente, en un futuro, como se arrecha un pueblo cuando a la derecha le pica el culo y organiza un golpe de Estado y se llevan a nuestro presidente Chávez”. A veces es necesario hacer acciones contundentes para que la memoria se fije.
Posteriormente me dijo el camarada Pablo Paradas que esa tranca había sido una buena estrategia pero un error táctico porque habíamos trancado la vía hacia Maracay o Caracas, a lo que le argumenté que existían los caminos verdes entre el Fuerte Conopoima y Villa de Cura para agarrar otras arterias viales, a través de la Sierra del Sur, específicamente Puente Guárico y la Vía de San Sebastián de Los Reyes-San Casimiro-Charallave-Autopista Regional del Centro, si querían y era necesario llegar a Caracas. Todo tiene solución cuando se trata de un objetivo de vida o muerte.
Nos quedamos en la tranca desde la madrugada del 11 de abril hasta el la madrugada del 13 de abril cuando nos dijeron que Chávez había regresado. Consideramos que la tranca que hicimos fue fundamental porque el pueblo villacurano se sintió en el compromiso ético-moral de defender la Revolución. Necesitábamos expresar de alguna manera nuestro repudio ante la estupidez de la derecha enferma de odio y de soberbia. Fuimos un solo pueblo al son de la Revolución. Defendimos nuestra constitucionalidad y a través de estas líneas rescatamos ese momento, su valor y justicia en el devenir histórico.
Si bien en las Batallas libradas en Bocachica perdimos la II República, el pueblo unido se reivindicó en esta batalla librada contra la burguesía y sus intereses foráneos que tenían toda una cadena mediática para convencer a la gente de que la Revolución era una locura. La derecha venezolana es lamentable: se alimenta del show, del odio y de la sinrazón que llevan a sus masas a través de los medios de in-comunicación pagados por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) a través de todas las políticas intervencionistas que avalan y obedecen en detrimento de nuestro país, cosa cuestionable y aborrecible.
No les importa el pueblo: defienden intereses económicos de las élites internacionales y ponen de garantía a nuestro subsuelo y sus grandes riquezas. A ellos los mueven los intereses económicos, sus intereses privados y el pueblo… para ellos el pueblo es “una horda”.
Cuando Chávez, en cadena nacional, sacó el crucifijo me dio mucha indignación. Creo que el perdón de ese momento fue un grave error. Ningún país perdonaría tal aberración de conducta, tal empache jurídico, tanta falta de respeto contra un pueblo que venía organizándose en otra lógica de vida, plasmada en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, una construcción colectiva de las más bellas en la historia del planeta y que ellos abolieron de un plumazo.
Ya decía el Leo Dan Vinci quien no castiga el mal, ordena que se haga. Puedo comprender que estábamos en el ojo del huracán, que habían y hay intereses de todo tipo en juego, incluso la paz, pero considero que perdonar ese momento fue una gran torpeza y aquí vamos, golpe a golpe, cuerpo a cuerpo, en cada abril que a la derecha le da la gana de hacer y destruir para generar matrices de opinión que giran alrededor del mundo sobre la dictadura de Maduro. ¿Qué dictadura tan rara?, tan extraña diría Galeano.
En el 2002 el pueblo unido ganó una de las tantas batallas de consolidación de la V República. Sin embargo la Revolución la seguimos construyendo. No podemos perder de vista las palabras de Gramsci “(…) lo nuevo no acaba de nacer, y lo viejo no termina de morir, agregando que, (…) es en ese claroscuro donde surgen los monstruos.” Tenemos que parar a los monstruos que están naciendo. Para eso las leyes existen.
Venceremos, viviremos y amaremos.

No hay comentarios: