viernes, 28 de abril de 2017



CARACTERIZAR LA GUERRA

Federico Ruiz Tirado

I
Digo que a mí me ha impactado mucho esta operación que, ciertamente, tiene en su elenco “protagónico” al sociólogo y exbanquero Tulio Hernández. Pero, veamos –o intentemos- buscar debajo de la superficie mediática, dónde se esconden o habitan las serpientes. Hernández es de algún modo una escarapela de la colección de Maléfica, a quien le dieron anticipadamente unas golosinas para mostrar la carnadura del monstruo. Abajo, en el lodazal, reina el mal, y quizás no tan metafóricamente como en las novelas de Sábato, donde los ciegos son los que obedecen a los malignos videntes.
II
No es algo  tan simple su traducción (y por lo tanto su semantización), sobre todo en un país donde hacer una conjetura puede ser motivo de horóscopo, de damero, de algo lúdico, aun cuando la vida de la madre que te parió podría estar minada de peligros letales. Le importa un comino a alguien saber que yo soy, por naturaleza, pesimista. Me lo dice el espejo. La verdad es que eso ni me quita ni me pone porque, si a ver vamos, yo no soy sino un Don Nadie, que no posee credenciales ni tarjetas de créditos. Pero eso no me quita lo bailao, y pienso por lo mismo de que se trata de una práctica típicamente fascista que ya se produjo y cobró una vida y podría tomar cuerpo en la calle, donde el chavismo cultiva un liderazgo histórico importante y se conjugan nuestro poder de convocatoria, la voluntad entusiasta de muchos y otros sentimientos de solidaridad, con la capacidad de resistir y mostrar nuestra musculatura revolucionaria y chavista.
Lo vivimos cuando el ecocidio: quemaron árboles, perros, incendiaron el Cerro que nos identifica más allá de la cancioncita de Ilan Chester. El ecofascismo se llama eso: desprecio, mirada de hostilidad hacia la belleza de un paisaje, fobia, calumnia, despotismo, mala leche, encono, ultraje, lo peor que puede albergarse contra la vida humana, la naturaleza y la energía del cosmo: eso es el fascismo.
II
Este "método" me recuerda a "Los curas comunistas" y a las atrocidades que se relatan en ese libro sobre la Guerra Civil Española y las prácticas fascistas.
El asunto de los "materos" y de las "botellas de agua congelada", por más que Tulio Hernández aparezca como el autor intelectual, para mí es un asunto discutido, conversadito entre éste y otros tipejos que militan en el ala fascista del antichavismo, que nos odia a muerte, que nos quiere lejos.
Eso no se le ocurrió a Hernández mirando por una baranda de su apartamento. Claro, fue algo concebido desde "las alturas", un PH, un piso bien alto de un edificio que les dio la perspectiva de las trágicas consecuencias que traería el "materismo" o el "botellismo" en el seno de una multitud que, precisamente, no marcha mirando a ver si la cagan los pájaros.
Si las autoridades llamadas competentes comprendieran esto, supongo que algo harían. Pero, sin duda, estamos ante un peligro en un momento de intensa movilización popular en defensa de la revolución. Algo debemos hacer.


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