sábado, 29 de abril de 2017

Represión con lacrimógenas y gas pimienta

Cuarenta millones de brasileños acataron 

huelga general 

anti-Temer

Sao Paulo, abril 29 - Cuarenta millones de brasileños acataron este viernes la huelga general convocada por las ocho principales centrales sindicales para manifestar su repudio a las reformas laboral y del sistema de pensiones impulsadas por el presidente Michel Temer.

El estimado, explicó en su portal la Central de los Trabajadores y Trabajadoras de Brasil (CTB), fue realizado a partir de la relación de sindicatos y de categoría que adhirieron al movimiento de protesta en el país.

La medida de fuerza mandó un mensaje claro: 'La clase trabajadora puede parar este país si el Gobierno continúa avanzando sobre sus derechos', subrayó el presidente de la CTB, Adilson Araújo.

El dirigente de la CTB y de las otras siete organizaciones convocantes coincidieron en destacar la a importancia histórica de esta fecha, tanto por la contundente demostración de fuerza y la amplitud del movimiento sindical y popular, como por la reafirmación de la unidad clasista y sindical.

Por otra parte, el coordinador del Frente Brasil Popular (FBP), Raimundo Bonfim, señaló que el objetivo del paro nacional (también apoyada por esa organización y por el Frente Pueblo Sin Miedo) no fue en ningún momento llevar multitudes a las calles.

'La población atendió el llamado de las centrales y se quedó en casa. Podemos decir con tranquilidad que Sao Paulo paró y que el país todo fue sacudido por la huelga general', dijo Bonfim a la Red Brasil Actual.

En diálogo con el propio medio, el sociólogo Laymert Garcia dos Santos significó que las movilizaciones y la huelga en sí finalmente permiten vislumbrar el horizonte con optimismo.

Los sindicatos, centrales y movimientos sociales están unidos y con una capacidad de organización impresionante, valoró Garcia dos Santos y remarcó que, pese al bloqueo informativo y las tentativas de los medios tradicionales de provocar 'ruidos' en la convocatoria, 'no recuerdo una huelga con ese alcance'.

El paro general fue acompañado en las principales urbes de Brasil por un ostensivo despliegue de la Policía Militar (PM), que reprimió a manifestantes en Sao Paulo y Río de Janeiro utilizando bombas de aturdimiento, sprays de pimienta y gas lacrimógeno.

En el centro de Río, la PM realizó un aparatoso despliegue y arremetió contra ciudadanos concentrados en una manifestación pacífica en la zona conocida como Cinelandia. Cerca de allí, nueve ómnibus fueron incendiados.

Mientras, en Sao Paulo, la tropa de choque de la PM no solo protagonizó lo que un comentarista de la televisión calificó como un 'festival de bombas de estruendo y gases lacrimógenos', sino acudió también a los cañones de agua para dispersar a manifestantes que intentaban aproximarse a la mansión donde reside la familia Temer.


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