lunes, 17 de abril de 2017

EJERCICIOS ESPIRITUALES PARA LA INVASIÓN

Luis Britto García

Medita sobre el orden en el que preferirías perder  parientes, amigos, conocidos, amadas.

Sobre el mapa escolar colorea los fragmentos en que será dividido el territorio que alguna vez llamaste Patria.

Elige tu nuevo nombre: Sudaca, Refugiado, Desplazado, 
Exiliado, Terrorista, Falso Positivo.


Mira alrededor  nombrando y despidiendo lo que ya no será tuyo.

Atesora viejos planos de las ciudades para rememorar cómo fueron antes de ser borradas.

Evalúa las nuevas industrias poderosas del cobro de vacuna, de la trata de personas, del tráfico de órganos.


Monta el pesebre donde el único personaje es Herodes.

Ejercítate en el idioma o acento extranjero en el cual recibirás órdenes pero no serás jamás escuchado.

Reflexiona sobre el  estado de las cosas donde las treinta monedas de la delación serán el nuevo signo monetario.
Prepárate para la época en que tu nacionalidad será considerada como  delito.

Elige como domicilio fosa común, basurero o  fondo de los mares.
Aprende los códigos en virtud de los cuales quien te secuestra no será  investigado, quien te tortura no será  imputado,  quien te asesina no será  juzgado.


Considérate ingresado al mundo donde el nuevo idioma de las noticias será falsedad.
Piensa en el cielo agobiado de drones donde  hubo ángeles de la guarda.
Disciplínate en no acudir al rescate de  víctimas de  bombardeos pues en todos los blancos cae la segunda bomba prevista para incinerar a los rescatistas.

Ejercítate en las destrezas de ser tratado como extranjero en tu propio país y en todos los demás como paria.

Aprende la geografía de la base militar extranjera  y la topología del alambre de púas.

Gradúate en las destrezas de sobrevivir algunas horas más a la mina antipersonal, el rocío de desfoliadores, la cortina de napalm.


Aparta de ti este cáliz de calcular cuánto cuesta en sangre cada dólar preferencial otorgado para importaciones fantasmas; cada divisa facilitada para  contrabando de extracción, cada dividendo impune de la docena de empresas que importan con un dólar a diez y esconden las mercancías o las revenden a  tasa de cinco mil.

Respeta el nuevo orden que presenta como palacio de gobierno la casa de pique, como condecoración la corbata de sangre, como Constitución la motosierra.

Imagina la nueva Historia en la que serás culpable de todo.
Resígnate a ser convertido en prontuario.



Distrae los minutos que te quedan recordando a quienes cedieron la soberanía sometiéndonos a tribunales extranjeros;  a los que entregaron las divisas para importaciones a empresas de maletín que no iban a importar nada; a los que permitieron que por las fronteras se fugaran bienes básicos e invadieran hordas paramilitares.

Recuerda cada uno de los instantes en que pudiste hacer y no hiciste lo que evitara lo inevitable.

Agradece como bendición el tiro de gracia.

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