martes, 14 de marzo de 2017

¡ESCÁNDALO! Comité Noruego exige que Juan Manuel Santos devuelva el premio nobel ¡NO ES DIGNO!

Shimon Peres, otro poseedor del Premio Nobel de la Paz, hizo armar a Israel con armas nucleares (se calcula que Israel posee más de 200 artefactos nucleares). También cuando ejercía como primer ministro ordenó la operación de bombardeos en suelo libanés denominada ‘Operación Uvas de la Ira’ masacrando deliberadamente, según una comisión de las Naciones Unidas, a más de 102 civiles, la mayoría de las víctimas niños y mujeres.
Hace poco, prácticamente uno de los últimos estudiosos norteamericanos que todavía quedan sin perder el contacto con la realidad, James Petras, afirmó tajantemente que “el Nobel de la Paz es una forma de remunerar a los asesinos del mundo”, refiriéndose en primer lugar a Barack Obama, quien recibió el galardón en 2009. De acuerdo a la Comisión del Premio Nobel, el presidente de EEUU mereció esta distinción “por su extraordinario esfuerzo en fortalecer la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos”, calificativo que hoy se hace risible ante los ojos del mundo.
Para Obama, “la cooperación entre los pueblos” consistió en lanzar siete guerras “atacando”, como denuncia Petras, “Libia, Siria, invadiendo y extendiendo las guerras en Irak, Afganistán, Yemen y otros siete lugares más”. El mismo presidente declaró el 2015: “Tenemos el Ejército más fuerte del mundo y en ocasiones tenemos que retorcer el brazo a los países si estos no quieren hacer lo que queremos usando métodos económicos, diplomáticos y a veces militares”. Este es el perfil actual del Premio Nobel de la Paz de la mayoría de los políticos que lo reciben.
Juan Manuel Santos se ubica en la última fila de estos galardonados. Dijo la portavoz del Comité del Nobel de la Paz al anunciar su elección para esta distinción que era “un reconocimiento al duro trabajo y a la muy importante iniciativa del presidente Santos”. Lo que omitió decir la portavoz era que en realidad no había sido “iniciativa” de Santos la de promover los Acuerdos de Paz con las FARC y posteriormente con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), sino del Departamento de Estado norteamericano y de la CIA, que llegaron a la conclusión que los guerrilleros estaban en un callejón sin salida.
Primero, ya no eran capaces de vencer al Ejército debido al descabezamiento selectivo de su cúpula dirigente como resultado del uso del método de ‘asesinato selectivo’, enseñado por los instructores israelíes. Precisamente durante la gestión de Santos en calidad del Ministro de Defensa de Colombia (2006-2009) y mano derecha del presidente Álvaro Uribe (2002-2010), este método fue utilizado frecuentemente. Segundo, las FARC y el ELN ya no podían salvaguardar sus comunicaciones debido a la vigilancia satelital y el uso de los drones controlados por el Pentágono a través de sus siete bases militares, aunque muchos analistas afirman que son nueve bases las que están instaladas en el territorio colombiano. La selva en la que se refugiaban los guerrilleros se ha convertido, según el periodista Ignacio Ramonet, “en una jungla de cristal transparente donde la sobrevivencia resulta cada vez más aleatoria”.
Finalmente, ha surgido la situación cuando tanto la guerrilla como el Ejército han perdido la capacidad de vencer. Entonces, para los analistas norteamericanos ha llegado el momento de inducir a la guerrilla a entablar conversaciones de paz sin esperar su paulatino aniquilamiento, en la que estuvo envuelto activamente Juan Manuel Santos, que era un implacable amante de la guerra como ministro de Defensa estrella del Gobierno de Uribe. Durante su gestión comenzó la mayor ofensiva bélica y la violación de los derechos humanos por los militares siguiendo el Plan Colombia e instalando posteriormente el Plan Patriota, utilizando métodos de ‘limpieza étnica’ y ‘tierra arrasada’ contra las FARC y el ELN.
Precisamente en aquella época, la tierra colombiana fue regada con los cadáveres de más de 6.000 jóvenes conocidos como ‘falsos positivos’. Para poner fin a las protestas, mítines y el descontento y para, a la vez, amedrentar a la población y de paso mostrar su ‘competencia’ a sus mentores norteamericanos, el Ejército secuestraba a los jóvenes del campo, les ponía uniforme verde olivo, los trasladaba a los lugares cercanos a las zonas de conflicto, les plantaba las armas y los asesinaba. Los medios de comunicación al servicio de los globalizadores informaban inmediatamente sobre los ‘éxitos’ del Ejército en la lucha contra los ‘subversivos’.
El actual Premio Nobel Santos fue un partícipe activo en la aplicación de políticas de genocidio contra el pueblo colombiano. Las madres de Soacha no le perdonarán nunca a Santos la muerte de sus 16 hijos, que fueron conducidos en el 2008 a Ocaña, Norte de Santander, a más de 500 kilómetros de distancia, donde nunca habían estado con el engaño de un trabajo, sin saber que los esperaba un cruel destino de ‘falsos positivos’. Según el informe presentado por el letrado especial de las Naciones Unidas sobre ejecuciones extrajudiciales en Colombia, Philip Alston, “la impunidad frente a estos crímenes cometidos por las fuerzas militares era del 98,5%”, precisamente durante el Gobierno de Uribe cuyo Ministro de Defensa era Santos. Informa el relator que “lo sucedido a los 16 jóvenes de Soacha mostró la extrema crueldad con la que se puede actuar para lograr la efectividad en supuestos combates contra variados enemigos”.
La misma crueldad mostró el ministro Santos al presidir el bombardeo a territorio ecuatoriano en 2008, violando su soberanía y logrando asesinar al comandante de las FARC Raúl Reyes y a 22 combatientes mientras dormían. Por supuesto, la operación fue coordinada y dirigida por el Mossad y la CIA. A raíz del atropello de la soberanía ecuatoriana, un juez de Ecuador emitió una orden de captura en 2009 contra Juan Manuel Santos y la mandó a la Interpol, pero la Secretaría de la Organización con sede en Francia no respondió. A la vez, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, solicitó a la Interpol su arresto. Sin embargo, no pasó nada y lo sucedido entró en el olvido.

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