viernes, 24 de junio de 2011

DIABLOVISION
Federico Ruiz Tirado
Los vocabularios de Ismael García o de Ojeda son yacimientos  lingüísticos que vuelven añicos la noción que tenía Ramón  Aveledo de la ubicación de Dios en las cenas de la MUD. ¿Estos carajos están a mi diestra o a mi siniestra?, es lo que se pregunta el ventrílocuo de Escrivá de Balaguer a la hora de mover el timón de esa Barca de Noé que ahora lleva a bordo al mismísimo Diablo, a ver si algún día, logran por fin acabar con los iraníes, las Farc, Ilich Ramírez, Gadafi y al mismo tiempo con las madres del barrio, las areperas socialistas, la Misión Vivienda y con Chávez. García lo dijo y tiene razón: el diablo está con ellos. No hay por qué alarmarse. De todos modos, hay que hacer una precisión, no tan acorde con la que hicieron los filósofos griegos después de tanto pensar, cuando imaginaron el aire como su hábitat natural. Por aire, por tierra o por mar, el diablo puede parecer siempre etéreo, camuflado, pero su verdadero lugar en este tiempo es el cuerpo de la MUD. Así Ramón Aveledo lo exorcice con ramitas de ruda o salmos de Santa Teresita, el demonio está presente en el campo verbal de María Corina y en sus rodillas, muy bien avistadas en su visita a Bush buscando las remesas. Por cada ponchera de agua bendita que Monseñor Porras brinda a Aveledo para remojar las fotos de García o de Ojeda, los diputados no forcejean a la hora de ser poseídos por el diablo. Y éste los coge de la mano y los lleva al canal, a las inmediaciones del Rodeo y los abandona allí, desatados, como un Julio Borges cualquiera.
Lugo ocurre el desenlace que trasciende toda virtualidad: la pantalla de diablovisión absorbe a Ismael García y el diablo lo pone a decir pendejadas. Aveledo le envía un mensaje de texto: lo que el diablo te da con una mano, con la otra  te lo quita...

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