sábado, 28 de julio de 2012


CAPRILES EN PETARE
Federico Ruiz Tirado
Lo que dice Capriles es difícil separarlo de la relación que él ha establecido ( o tiene) con las entrañas del país, con el conocimiento histórico, estadístico, geográfico; con lo humano y sus olores, sus señas de identidad.
Acababa de terminar la cadena en la que el Presidente Chávez mostraba la reconstrucción facial del Padre de la Patria Simón Bolívar, para lo cual se utilizó una técnica craneométrica y múltiples aplicaciones científicas, y el candidato de la ultraderecha aparece en Globovisión debajo de un toldo con un con bojote de gente sentada y atrás, bien lejos, los ranchos de Petare.
Capriles lleva un manojo de papeles y lo agita diciendo: "Aquí está la verdad", como queriendo decir, "esto si es verídico y comprobable". Lo de Bolívar es un “disparate”. Lo cierto es que ese monumento a la demagogia, esa estampa viva del descaro, acompañado de sus asesores (esos tipos que aparecen a diario en los medios privados lanzando cifras y vainas raras), grita a los cuatro vientos un diagnóstico pretendidamente estadístico sobre las Misiones, "las madres desamparadas", "los discapacitados", "los 3 millones de personas que se acuestan sin comer", "los que no reciben asistencia médica ni ayuda económica para comprar medicinas", etc. No habló de fraude ni de inhabilitación presidencial y exhibió su programa de gobierno en un rotafolio con el manojo de papeles debajo de sobaco.
 Este sujeto no sabe lo que dice porque no sabe pensar, y quienes lo acompañan, sentados, lo oyen y parecen advertirlo, pero no les importa. Ya no hay nada qué hacer. Que el resto de la cagada la pongan él y Globovisión, pensarán.
Como dice Kundera: el desprecio por la verdad y por el pueblo, por la "vulgaridad" del pueblo, en él es un rasgo que no lo irrita sino que, lo que es peor, lo ignora, porque cree que lo hace superior: otra parentela fascista que ni la cultura ilustrada de Ramón Guillermo Aveledo ni la feroz chabacanería de Petkoff o Henrry Ramos han podido evitar.

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