viernes, 29 de julio de 2011


“El ombligo de oro"
Por: Nelson España 


Erase un hombre –dijo el maestro- con un ombligo de oro que le ocasionaba constantes apuros, porque siempre que se bañaba, era objeto de toda clase de bromas. El hombre no hacía más que pedirle a Dios que le quitara aquel ombligo”. La cita anterior es tomada de uno de los tantos títulos de Antony di Mello, “Un Minuto para el Absurdo”. Es ideal, la ventaja que puede darte para extrapolar a estas realidades terrestres, donde el hombre ruega por su conformismo, y se amotina ante los brotes de inconformismo que tamizan su ser ante las fuerzas de incertidumbre ambiental, digo de ecología profunda, digo de biofilia, digo, de amor por la vida. 
     El hombre ( y la mujer) pide para ser diferente a los otros, a las otras y hasta llega a ser diferente, sólo que para ser diferente, no acude precisamente a Dios, sino que va directamente a otros hombres, o para ser menos genéricos, acude al partido...de turno ¡claro está!. El hombre empieza a vivir vicariamente, alentado, sin darse cuenta, por el sistema trágico coercitivo aristotélico. Asi el hombre y la mujer aprendieron política dentro de la nada representativa democracia nuestra, es decir aprendieron de manera magistral a “seguir la corriente”  
     De hombre, igual a uno, igual al común de los hombres, y de las mujeres se transforma copiosamente por obra y gracia del poder, mejor dicho, del gobierno y se va haciendo diferente. Le toca “codearse” en otros niveles, y ese codearse significa entender con vehemencia “que los de adelante corren mucho y los de atrás se joderán”. Así la artificialidad del ser, pasa a ser la mejor expresión de un tipo de darwinismo social que excluye, excluye y excluye. Cabe preguntar, a tono con el hilo de esta cháchara ¿Dónde están los que ayer eran de una manera, pero que hoy son de otra? Nos daría la razón el gran Luis Mariano Rivera, … incendiario a los 18, bombero a los 40. 
     Este transito, se ha dado desde hace mucho tiempo, pero hoy, ¡Ay hoy!, momentos de   revolución,  se    ha  acentuado más.    Aquel hombre, líder adeco, líder copeyano, dirigente sindical, profesional y técnico de la fracción tal se ha vuelto escalador. De talanquera en talanquera, este camaleón político le llegó la hora de vivir su descontento con su ombligo de oro. ¿De que vale hoy seguir siendo adeco? Y el hombre, cambio de partido, porque eso ha sido una de las mejores lecciones de la democracia venezolana: que el hombre cambie de partido como cambia de ropa interior. Eso sí, dejando buenas relaciones y mejores amigos en el partido (total, no todos pueden irse, total, tienen que seguir existiendo adecos y copeyanos como formula para mantener cierto equilibrio ecológico político). Unos. para disimular la hipocresía han optado por llamar a esto, pluralismo, ¡vaya usted a saber!. 
      A la revolución, le llegó una especie de “maldición de la  malinche”, acoge al extraño y despotrica del hermano. Aquí reposa una de las bondades de la revolución sin revolucionarios, cual ha sido la de acoger gentilmente esa especie de diáspora de la mierda, donde entran con facilidad impresionante, en labores de asesores, consejeros y gerentes expertos en no se que cosa, que hacen solo … nada, pero con impresionantes emolumentos. 
     Y todo es tan difícil, quizá por los poderes opacos de la revolución que esta siendo a pesar de las muchas mascaras y disfraces, y qué aún hace dudar en torno a si la revolución va por dentro o por fuera... o simplemente no va. Lo cierto es que lo más granado, entre adecos y copeyanos ya conforman  una buena y nada escuálida cohorte para una nueva promoción de caballos de troya, que sabrá Dios, si el día CH, saldrán a defender el __________________ (este espacio puede corresponder al proceso, al proyecto, a la revolución, según a usted le convenga). 
     Hoy, ya las euforias, se han vuelto escuálidas. Los que cambiaron militancia y solidaridad por cargos, ya empiezan a sentir “la insoportable levedad del ser”. Sienten la inconformidad por el “ombligo de oro”, y de seguro ya habrán tenido como huéspedes oníricos a una que otra pesadilla: “...por fin una noche soñó que un ángel se lo desenroscaba y lo dejaba encima de la mesa, tras lo cual se esfumó”. Y es que hay demasiado miedo a esa pesadilla. 
     Si fuesen realmente revolucionarios muchos que dicen estar con el comandante - presidente, otro sería el estado “puro” de la conciencia colectiva. De manera que difícilmente, pudieran ganar espacios las tentaciones. Pero lo cierto es que no hay sacrificio, no se ha tomado el lugar social del pueblo para las ejecutorias que vinculen los propósitos individuales con los propósitos colectivos. Ello, porque el sacrificio ha sido vaciado de su sentido, de dar más de nosotros, por los otros. Si no hay sacrificios, fácilmente se descubre la hipótesis de que sólo se era revolucionario de fachada, una especie de sepulcros blanqueados, claro que aquí no hay que generalizar, aún teniendo la impresión que los revolucionarios que están adentro...parece que están afuera, o no están, y viven la alegría de la pesadilla “...al despertar por la mañana, comprobó que el sueño había sido real: Allí sobre la mesa, estaba el brillante ombligo de oro. Entusiasmado se levantó de un salto... ¡y el culo se le desprendió y cayo al suelo!  Mientras tanto, las erres al cuadrado, las líneas estratégicas, siguen siendo solo un rumor dentro del partido.  
     He aquí el dilema, elevamos la conciencia revolucionaria y entonces la praxis como mediación tendrá sentido como para decir vamos avanzando. De lo contrario, un peligroso socialismo vía blackberry  puede  estar enquistándose peligrosamente en niveles estratégicos (donde deben estar revolucionarios y revolucionarios  de verdad, verdad) y puede pasar que Drácula, se convierta en el nuevo gerente del Banco de Sangre. (por recomendación del amigo o la amiga que es mas militonto que militante). Mientras tanto, la solidaridad y el sacrificio seguiran dejando abiertos muchos pies de páginas. ¡Muchos!. 
espanel7@gmail.com

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