viernes, 29 de diciembre de 2017



Earle Herrera | Genocidio 

humanitario



El Presidente de Perú se autodefinió como un perrito 
echado en la alfombra que no le causa problemas al 
imperio. En su envilecido autoperfil incluyó a todos 
los países de América Latina, con excepción de 
Venezuela, exclusión que se le agradece. 
En correspondencia, Estados Unidos no permitiría 
que a su meloso cachorro lo sacaran de la 
presidencia 
y metieran en la cárcel por pillo. Para lograrlo se 
recurrió 
a un nauseabundo cambalache, como diría Gardel: 
la absolución de un corrupto por la libertad de un 
genocida.
Pedro Pablo Kuczynski recibió sobornos de la empresa 
brasileña Odebrecht (la única transnacional corruptora
 del planeta). El Congreso de su país lo montó en la olla 
y lo tenía listo para la parrilla carcelaria. Pero bajo su 
manga tenía la carta de dos ex presidentes peruanos 
presos por choros y criminales: Fujimori y Humala. 
Les cambió sus votos en el Parlamento por medidas de 
“gracia”. Una palabra que la derecha manosea mucho 
en Venezuela, fue el manto para cubrir el pacto entre 
pranes: “humanitaria”.
Ambos reos de la justicia, Fujimori y Humala, incurrieron 
en lo que la semántica facho-imperial podría denominar 
“genocidio humanitario”, el primero, y “corrupción 
humanitaria”, el segundo. La larga mano del imperio 
decidió que su perrito debía seguir echado en la 
alfombrita, ladrándole sus improperios a la soberana 
República Bolivariana de Venezuela. Fujimori no solo 
autorizó masacres contra estudiantes, trabajadores y 
campesinos, sino que adelantó un plan de esterilización 
forzosa de mujeres peruanas. Kuczynski aulló que estos 
crímenes de lesa humanidad fueron “errores”.
Así nos asomamos a 2018, con el imperio y sus cachorros
 arremetiendo contra la única nación, según Kuczynski 
(y tiene razón), que se niega a echarse en la alfombra 
de nadie. Sus colegas en el obsesivo y lucrativo oficio de 
atacar a Venezuela, entrarán al nuevo año con cadáveres 
en los puentes de México, incumplimiento con asesinatos 
del acuerdo de paz con la Farc por parte de Colombia, 
fraude clamoroso en Honduras y mejor dejamos hasta 
aquí los cañonazos de corruptos sensibilizados ante 
genocidios humanitarios perpetrados en Perú. Que 
nadie olvide el año viejo para que no sigan ocurriendo 
cosas tan feas.

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