lunes, 26 de diciembre de 2016

¿Es Colombia un ‘caballo de troya’ de la OTAN en América Latina?



Cuando Colombia firmó el acuerdo con la OTAN el 25 de julio de 2013, todos los expertos se preguntaban: ¿cuáles son los verdaderos objetivos de este convenio? El entonces ministro de Defensa Nacional, Juan Carlos Pinzón dijo que el tratado fue suscrito para “la prevención, cooperación, modernización, así como para el fortalecimiento de la seguridad y la defensa nacional”. El acuerdo pretendía, entre otras cosas, “la construcción de integridad y transparencia en temas de seguridad, así como la cooperación de las Fuerzas Armadas de Colombia y el Organismo Multinacional en temas de lucha contra el narcotráfico”.
Recientemente los colombianos recibimos una clara respuesta a esta pregunta. El general Adrián Bradshaw, Segundo Comandante de la OTAN, durante su visita Bogotá, iniciando el mes de febrero de 2016, con toda claridad dijo: “esperamos que Colombia sea socio de la OTAN” y más adelante reiteró: “considero que las Fuerzas Armadas de Colombia se conviertan en un aliado internacional de la OTAN” [1].
En concordancia con el militar de la OTAN, en otoño de 2015, el Buque ARC “7 de Agosto” participó en las operaciones “Atlanta” y “Ocean Shield” de las fuerzas de tarea internacionales 465 y 508. Durante dichas operaciones realizó ejercicios navales con las fragatas de la OTAN HDMS “Absalón” de la Marina de Dinamarca y “Victoria” de la Armada Española [2].
La participación de Colombia en estos escenarios ha recibido, desde luego, fuertes críticas de parte de varios gobiernos del continente y organismos regionales tales como UNASUR, CELAC, ALBA, entre otros. Por su parte, la Corte Constitucional, declaró inexequible el tratado Colombia-OTAN.
Con toda esta experiencia acumulada, la OTAN decide ahora ampliar su área de influencia y tratar de ingresar a América Latina. Con el apoyo de la Casa Blanca se vienen efectuando grandes esfuerzos para convencer a los países de la región a matricularse como aliados “extra OTAN” y/o “socios especiales”. Los nuevos retos, tales como terrorismo internacional y narcotráfico están dando nuevas posibilidades para ellos.
La situación se torna aún más delicada si tenemos en cuenta que se encuentra vigente un concepto estratégico de la OTAN desde noviembre de 2010, aprobado en la Cumbre de Lisboa, donde en una clara señal de su ingreso al cuarto desplazamiento de su historia desde que fuera creada en 1948, esa fuerza militar multinacional se atribuye al derecho de intervenir en cualquier parte del mundo y por el motivo que sea.
De todas las amenazas que la Alianza Atlántica identificó en Lisboa para la “civilización occidental” y que justificaría su intervención: proliferación de misiles balísticos y armas nucleares y de destrucción masiva, el terrorismo, los ataques a las vías de comunicación, los ataques cibernéticos, la inestabilidad o los conflictos más allá de las fronteras de la OTAN y los problemas derivados del cambio climático y de la escasez de los recursos naturales, los dos últimos son los que podrían invocarse para intervenir en América Latina, pues es allí donde se ha puesto en cuestión la hegemonía estadounidense y es un territorio muy rico en agua dulce, petróleo, gas, biodiversidad, plantas medicinales y otros recursos importantes [3].
Aunque en la Cumbre de 2010 de Lisboa la OTAN definió claramente su nueva estrategia: “desplegar fuerzas militares robustas donde y cuando sea requerido por nuestra seguridad, y ayudar a promover seguridad común con nuestros socios alrededor del globo”, mucha gente piensa que esto solo quedó en intenciones, pero la realidad muestra que han seguido dando pasos firmes en este sentido: el año anterior fue promovido en Madrid un Seminario denominado: La OTAN e Iberoamérica: “Has NATO ignored Iberoamérica” [4], con conferencias tales como: “¿Qué puede aportar la OTAN a los países Iberoamericanos?” dictada por el director del Centro Nacional de Inteligencia de España (CNI) Félix Sanz Roldán, con un mensaje fundamental: “Animar a Iberoamérica a aproximarse a la OTAN” [5] y “Condicionantes en las relaciones de OTAN con Iberoamérica” presentada por el Consejero de Defensa en la Misión Española ante la OEA, teniente general Juan Carlos Villamía Ugarte, quien planteó sus inquietudes sobre “el lento proceso de acercamiento entre la OTAN y los países Iberoamericanos”.
Entonces, ¿Qué intereses comunes puede haber entre Colombia y la OTAN? Dice el gobierno colombiano que podría “aprender los altos estándares de la OTAN en materias como emergencias civiles y operaciones humanitarias y de paz”, también “asuntos asociados a la integridad, la transparencia, así como mecanismos anticorrupción”. No obstante, ¿Las agresiones de la OTAN que destruyeron a Yugoslavia, a Libia, Afganistán, Irak pueden ser consideradas operaciones humanitarias y de paz? ¿Fueron realizados con integridad y transparencia? La realidad es que Colombia podría convertirse en la piedra de tropiezo para toda América Latina si empieza a colaborar con la OTAN, pues podría desequilibrar la seguridad en la región y convertirse en un elemento que tensa las relaciones de este país sudamericano con sus vecinos y amenace con alterar los equilibrios geopolíticos de América Latina.
Aunque falta mucha investigación, con estos datos queda claro que debemos inquietarnos y actuar contra esta forma de guerra preventiva que es un grave peligro para nuestro continente, pues es evidente que el gran esfuerzo que está haciendo la OTAN para aumentar su influencia en América Latina, lo justifica diciendo que es para ayudarnos a enfrentar problemas de seguridad, pero en realidad lo que busca es bloquear la cooperación regional.
El concepto de seguridad se ha interpretado de forma estrecha durante demasiado tiempo: se vincula a seguridad del territorio contra la agresión externa o como protección de los intereses nacionales en política exterior o como seguridad mundial frente a la amenaza del holocausto nuclear. La seguridad se ha relacionado más con el Estado-Nación que con la gente. Se dejaban de lado las preocupaciones legítimas de la gente común que procuraba tener seguridad en la vida cotidiana. Para muchos, la seguridad simboliza la protección contra la amenaza de la enfermedad, el hambre, el desempleo, el delito, la represión política y los riesgos del medio ambiente. En definitiva, la seguridad se expresa en un niño que no muere, en una enfermedad que no se difunde, en un empleo que no se elimina, en una tensión étnica que no explota en violencia,.. La seguridad humana no es la preocupación por las armas. Es una preocupación por la vida y por la dignidad humana…”
Es relevante recordar las palabras de Simón Bolívar en la Carta de Jamaica (1.815) con las cuales nos invocó a buscar una alianza de los países latinoamericanos y caribeños para contrarrestar una nueva influencia por parte de potencias emergentes. El Libertador lo dijo categóricamente cuando aseguró que: “Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar a la América de miserias a nombre de la libertad” [6].
En conclusión, la anterior exposición permite observar claramente la verdadera política de la OTAN: no es la defensa de los derechos humanos sino resolver su propio derecho a efectuar injerencia en los conflictos, inclusive internos de los países, en los cuales tenga algún interés geoestratégico para mantener y en lo posible ampliar su zona de influencia.
Rodrigo Bernardo Ortega

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