sábado, 2 de noviembre de 2013

¿Por qué hay tanta violencia en México?

Alberto Buitre, tomado de Oficio Rojo

Pensaba comenzar este texto recontando el número de muertos en esta semana tan sólo en Michoacán y Guerrero. Pero para estas alturas, a todo el mundo –a todo el mundo-, le queda claro que seguirán cayendo cuerpos en México en tanto nadie esté dispuesto a hablar de las causas que han orillado al país a este infierno.
Yo, con el mismo derecho a opinar que tiene, por ejemplo, Eduardo Buscaglia, el mayor experto de la ONU en temas de narcotráfico, también tengo mi opinión sobre la violencia en México. Estoy seguro que la sangre corre porque a alguien, o varios, están felices con la situación ¿Pero cómo se me ocurre decir tremenda cosa? Acaso una absurda obviedad. Bueno, siempre hay quienes. En este caso, los mismos. Básicamente, quienes tienen en el mercado de guerra la vía corta para seguir haciéndose millonarios.
Y no, no son los capos ni los sicarios, aún con sus millones de pesos en la bolsa. Hablo de los dueños de la economía capitalista, los titiriteros. Los encargados de crear ganancias, por ejemplo, con la venta de armas y que la droga tenga un uso políticamente redituable; es decir, poder que a su vez permita sentar las bases para hacer más negocio.

¿Pero se puede hacer negocio con la muerte? De mil maneras. Por ejemplo, las pólizas de seguros. En Estados Unidos y poco a poco en México, es frecuente que los trabajadores de una empresa como Wall Mart, por ejemplo, estén obligados a firmar un seguro de vida. El objetivo es sencillo: si el empleado muere, la empresa cobra la póliza. No la familia, porque así no es el contrato. Y en el flujo de la especulación, entre más joven y si de preferencia se es mujer, mucho mejor. Más valor, más ganancia.
Lo mismo con la violencia. Ésta, como las pólizas de seguros, son dividendos de la especulación financiera, tópicos mediante los cuales se puede hacer negocio. Por ejemplo, la cantidad de armamento, utensilios de guerra, autos, ropa, zapatos, joyería, servicios, industrias culturales, tecnología, ingeniería, construcción, materiales de oficina, comida, materia prima, químicos, semillas, abonos… El narco es un negocio redondo. Y sin declaración de impuestos ¿Jugoso, cierto? ¿A qué clase de ambicioso no le gustaría obtener algo de esas inmensas ganancias? Eso lo saben bien en Wall Street y en la Bolsa Mexicana de Valores.
No es un secreto que quienes dominan el dinero, dominan el poder. México, Colombia, Chile, Estados Unidos, Perú… todas esas y muchas más en el mundo, son Presidencias comparadas por los capitalistas. En general, un país como estos es como una caja de disfraces, siempre hay uno qué usar. Usar todos y de distintas formas, explotarlo hasta que quede hecho trizas. Y entonces ir por una caja nueva. La ambición infantil, la que no pretende asumir responsabilidades y límites, es la misma que mueve a la gente del dinero. Mientras haya ganancia, habrá negocio. La gente puede sufrir muertes atroces y qué importa. Ningún imperio económico se construyó sobre valores de respeto y honestidad. Ninguno.
Algunos piensan que legalizar las drogas es el camino. Que arruinarán su negocio ¿Arruinar su negocio? Ellos son dueños del negocio. Pasar de lo ilegal a lo legal no es ningún problema para quien tiene compradas las leyes. No. El asunto acá no pasa por la sangre, las decapitaciones, ni las atrocidades, o cómo evitarlas. Al menos no dentro de este sistema donde todo, absolutamente todo, es un tejido de relaciones mercantiles. Lo bueno, y lo mano. El cielo y el infierno. Lo bello y lo horrendo. Todo en él puede volverse mercancía.
¿Qué pasa entonces si liquidamos el sistema? ¿Si cortamos los hilos de las relaciones mercantiles? Sencillo. Dicen que si quieren matar un árbol, córtalo de raíz ¿cierto? Lo mismo pasa con la violencia en México ¿Qué la origina? La posibilidad de obtener inconmensurables ganancias a costa de ella. De tal manera que ésta seguirá, mientras los tejedores sigan tejiendo negocios sobre ella ¿A quién le importa lo que pase en los arenales de Apatzingan, Michoacán, o en Coyuca de Benítez, Guerrero, si el verdadero núcleo del problema de halla sobre una línea ascendente en la Bolsa de Valores?

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