viernes, 27 de enero de 2012


España registra máximo histórico de desempleados, con 5,3 millones


desempleo-espanaEspaña cerró 2011 superando por primera vez en su historia la frontera de los cinco millones de desempleados: en el último trimestre del año pasado, la cifra de personas sin trabajo se incrementó en unos 300.000, hasta los 5,27 millones, situando la tasa de desempleo en el 22,85 por ciento de la población activa.
Esos son los datos de la encuesta de población activa difundidos hoy por el Instituto Nacional de Estadística (INE), que confirman la advertencia que hizo el Banco de España a principios de esta semana, augurando para este 2012 una subida del ya de por sí alto desempleo en el país.
España suma ya cinco años consecutivos en los que la falta de trabajo ha ido creciendo. La tasa del 22,85 por ciento (1,35 puntos porcentuales mayor que en el trimestre anterior) es la más alta que registra España desde el primer trimestre de 1995, cuando se situó en el 23,49 por ciento, en medio de otra grave crisis económica.
Desde finales de 2007, cuando la crisis económica estaba aún por irrumpir, en el país se han destruido 2,7 millones de empleos de empleos, algo más de la mitad (55 por ciento) en el sector de la construcción.
El gobierno español de Mariano Rajoy, que asumió el poder en la penúltima semana de diciembre, prepara una reforma laboral -en la que patronal y sindicatos ya han llegado a un acuerdo sobre revisión salarial- para hacer frente a la consecuencia más grave de la crisis económica. Una crisis en la que aún no se divisa el final del túnel. De hecho, según el propio gobierno, el país ha vuelto a entrar en recesión en este primer trimestre del año.
Una de las cifras más preocupantes ahora es el número de hogares en el que todos sus miembros en activo se encuentran sin trabajo: a finales de 2011 eran ya 1,575 millones, un 10,51 por ciento más.
Los trabajadores inmigrantes siguen estando entre los más afectados por el desempleo en plena crisis económica: son ya algo más de 1,2 millones, lo que se traduce en una tasa del 34,82 por ciento en este sector de la población.
Los jóvenes están también entre los que más sufren este empeoramiento progresivo del mercado laboral. Entre ellos, el desempleo creció en algo más de 884.000 personas a finales de 2011, lo que sitúa la tasa de jóvenes sin trabajo en el 48 por ciento.
“Peor no podemos estar. De manera que cualquier cosa que se logre con la reforma laboral será una ganancia”, manifestó el consejero del Banco Central Europeo (BCE) Jose Manuel González-Páramo.

Entre los desempleados de Madrid, la crisis no hace distinción de clases

En pocos minutos una larga cola se forma a las puertas de la oficina de desempleo del barrio madrileño de Vallecas, donde españoles jóvenes y de clase media se suman a los inmigrantes en la búsqueda, cada vez más difícil, de un puesto de trabajo.
Isabel Ruiz, asistente social de 40 años, hasta hace poco empleada interina del gobierno de la Comunidad Autónoma de Madrid, espera en el frío de una mañana invernal para pedir un subsidio con que mantener a su hijo de 15 meses.
“Las comunidades están recortando ahora más que nunca”, se lamenta sobre las medidas de austeridad impuestas por los gobiernos regionales.
Hace unos años “la bolsa de trabajo para trabajadores sociales interinos me llamaba mucho, ahora pasan seis meses del año sin que me llamen”, agrega.
El Instituto Nacional de Estadística anunció el viernes que la tasa de desempleo alcanzó el 22,85%, un nuevo récord en casi 17 años en España y el más alto de los países industrializados, con más de 5,273 millones de personas sin trabajo.
Entre las jóvenes de 16 a 24 años, la situación es aún más dramática, con una desocupación de 51,4%.
Las medidas de rigor, impuestas por las administraciones públicas para atajar un déficit que no deja de crecer desde que estalló la crisis en 2008, están propagando la lacra del paro a amplios sectores de la sociedad.
Lejos del popular Vallecas, en un barrio elegante del centro de la capital, Antonio, de 58 años, sale del comedor social de las Hermanas de la Caridad y prefiere no dar su apellido.
“Este comedor existe desde que era pequeño”, explica. “Antes yo lo veía, pero desde el otro lado. Nunca se me ha pasado por la cabeza que tendría que venir”, afirma.
Soltero y desempleado desde hace tres años, Antonio, que fue auxiliar técnico en un hospital durante casi cuatro décadas, nunca pensó que dependería de las monjas para comer.
“He vivido bastante bien pero ahora, tal y como estamos, tal y como está la economía, no encuentro trabajo, ni con mi experiencia”, se lamenta.
Junto a mujeres de la limpieza rumanas y albañiles ecuatorianos o búlgaros -todos desempleados desde hace dos o tres años- Antonio tiembla de frío pese a su abrigo y su gorra de lana.
“El nivel de vida ha bajado mucho para todo el mundo”, asegura. “Estamos en la ruina y la miseria”, agrega.
“Gente que tiene una profesión, que tiene un nivel de vida media, los han destrozado completamente”, se lamenta.
Esperando que suene la campana para el próximo servicio, decenas de personas hacen cola en el patio de las Hermanas de la Caridad.
“Vengo aquí todos los días. Sirven de todo, pasta, garbanzos. Te dan ropa”, explica Tomás Rodríguez.
Este madrileño de 32 años se ganó la vida durante 14 colocando productos en los supermercados, hasta que perdió su empleo hace dos años.
Ahora vive en un albergue social en las afueras de la capital y cada día viaja una hora en autobús para comer caliente sin pagar.
Las tardes las pasa yendo de un servicio municipal a otro, haciendo trámites con la esperanza de obtener una ayuda del Estado. “Mando correos por todos lados. No hay ningún trabajo”, explica.
Nuevas caras llegan a la cola frente a la oficina de desempleo en Vallecas.
Como para muchos inmigrantes, primeros golpeados por la destrucción de empleo cuando estalló la crisis, la situación no es nueva para Daniel Gazdoiu, un rumano de 44 años.
“Acabo de quedarme en paro. Es la segunda vez”, afirma Gazdoiu, que llegó de Rumanía hace diez años en pleno auge de un sector inmobiliario español en el que trabajó durante seis como conductor de furgonetas.
“Las cosas van mal. Ahora no hay trabajo. Veremos si encontramos trabajo, aquí o en otro país”, añade.

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