En días pasados escuché alguien decir con tono de advertencia: “La oposición sabe que Chávez va a ganar, y muchos de sus voceros dicen que si eso pasa, van a volver a los días de Abril del 2002”. Esta frase me rebota a Carmona Estanga, al Capriles del asedio a la embajada cubana pero sobre todo al episodio del sabotaje petrolero, que fue la fase más agresiva del plan desestabilizador y golpista de entonces. La inmediata calificación de “accidente” y “negligencia” adjudicada al evento en Amuay por parte de actores golpistas vinculados a 2002, activa inevitablemente esa alarma. A cuarenta días del 7-O, los revolucionarios, el pueblo que acompaña al Presidente Chávez, e incluso los sectores sociales que rechazan el caos y la desestabilización política que promueven la derecha venezolana, reforzada por la feroz campaña mediática que impone matrices generadoras de perturbaciones psicologicas, debemos movilizarnos en torno a la defensa del país, de la seguridad nacional, de la estabilidad política y de la integridad física del Presidente Chávez. No puedo decir que estamos ante un acto provocado en relación con la tragedia de Amuay, pero basta leer a Juan Sosa Azpúrua en el Universal para pensar que ni los surrealistas franceses apostarían hoy por la palabra “casualidad”.
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