lunes, 24 de agosto de 2020

 Realidad de la izquierda y los peligros de desviación del proceso revolucionario.
JUAN MARTORANO: 
En estas últimas semanas, se han producido un conjunto de sentencias por parte de la Sala Constitucional y la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia, donde se legitima las designaciones de nuevas juntas directivas de organizaciones políticas que hacen vida en el denominado Gran Polo Patriótico Simón Bolívar, como el partido TUPAMARO y PPT. Previo a ello, se habían dado decisiones similares en organizaciones políticas como AD, COPEI, UPV, PJ, VP y UNT.
Las contradicciones que han aflorado recientemente con estas decisiones y la judicialización de directivas de partidos políticos (y muy particularmente aquellos que pertenecieron al Gran Polo Patriótico) constituyen un reflejo de la crisis espiritual e ideológica, moral y ética que está afectando al mundo político de hoy en día en Venezuela, a los partidos y organizaciones, a la sociedad civil y al Poder Popular en general, donde gran parte del liderazgo protagoniza un comportamiento personalista, sectario, arrogante y autoritario negador de la democracia.
Así es que debemos resumir la actual situación y las contradicciones que se están dando en el seno de nuestro pueblo: Crisis espiritual e ideológica, moral y ética, parafraseando nada más y nada menos que a Argelia Laya, la comandanta "Jacinta".
Y nuevamente cito a la comandanta "Jacinta" para graficar los hechos recientes: "Consenso, convivencia, pero no coexistencia con todo aquello que hay que erradicar".
De acuerdo a la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela que voté y aprobé en referendo popular el 15 de diciembre de 1.999, su artículo 67 establece claramente el derecho de todos los ciudadanos y ciudadanas de asociarse con fines políticos, mediante métodos democráticos de organización, funcionamiento y dirección. Sus organismos de dirección y sus candidatos o candidatas a cargos de elección popular serán seleccionados o seleccionadas en elecciones internas con la participación de sus integrantes.
Nadie niega la formidable maquinaria electoral que es el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Instrumento necesario para ganar comicios. Pero no es menos cierto también que hay corrientes a lo interno de esa organización que rayan en el sectarismo, en prácticas que son altamente preocupantes, y que contribuyen a deslegitimar el modelo político establecido en la Carta Magna que votamos y aprobamos hace 21 años.
Si, seguramente saldrán algunos con el argumento de que estamos "asediados, el bloqueo, que no es el momento camarada", y demás argumentos. Pues a mi juicio, no puede en nombre de esas reales situaciones retrogradar a estadios que ya creíamos superados.
Y no es esto un mensaje en contra de las bases del PSUV, donde estoy inscrito pero donde no hago vida orgánica. Porque creo que faltan espacios para el debate y la discusión franca y sincera. Donde haya verdadera irreverencia en la discusión, pero lealtad en la acción.
Me parece un muy mal precedente la judicialización de las directivas de organizaciones políticas aliadas a la Revolución Bolivariana para construir alianzas electorales forzadas. La unidad no es un proceso que se decreta, es un proceso que se debe construir, y para ello debe privar la claridad y la sinceridad en los espacios de discusión.
Si el propio presidente Nicolás Maduro ha propiciado espacios de discusión con sectores de oposición como Soluciones para Venezuela (Claudio Fermín y Rafael Marín), Avanzada Progresista (Henri Falcón), Esperanza por el Cambio (Javier Bertucci), Cambiemos (Timoteo Zambrano), Primero Justicia (Luis Parra y José Brito), Voluntad Popular (José Gregorio "Goyo" Noriega ), Copei (Joel Orta, Franklin Duarte, Carlos Melo), AD (Bernabé Gutiérrez), Bandera Roja (Pedro Veliz). ¿Por qué no sentarse y dialogar con sus aliados naturales como PPT, Tupamaro y PCV, por solamente nombrar algunos?
Lo cierto del caso es que es bueno recordar que acudiremos a un proceso electoral parlamentario en una situación compleja. Primero por la situación de asedio,amenazas, bloqueo y boicot a la economía venezolana, aderezada además por la situación de contingencia producto de la pandemia global de la Covid-19 a su paso por Venezuela. La pandemia ha hecho mucho más visible las carencias y los problemas, lo que hará que la gente se encuentre en un estado displacentero, y esto sin duda incidirá en los niveles de ánimo electoral. Por otra parte, las amenazas de activación de una agenda violenta, bien a través de la activación de fuerzas mercenarias en el país o de una intervención militar extranjera, para mí improbable pero no por ello imposible, pende cual espada de Damocles sobre el país.
El tema de la gestión gubernamental signará la campaña electoral, debido a que la indolencia, el minimalismo, la corrupción, la ineficiencia e ineficacia pareciera que se ha apoderado de buena parte de las instituciones de la Administración Pública y del Estado como un todo, y eso lo siente el ciudadano y la ciudadana de a pie ante el colapso en la prestación de servicios públicos y en la merma de su poder adquisitivo para poder acceder a los alimentos, medicamentos, bienes e insumos que permitan preservar su estado de bienestar y calidad de vida. Por lo que estamos cayendo en una peligrosa anomia social que hace crujir los cimientos de la institucionalidad venezolana.
Y esto signará el punto de bifurcación y la posibilidad de romper el denominado "empate catastrófico", como lo señalan Álvaro García Linera y el politólogo Juan Romero del que me he referido en anteriores entregas, ya que el 6 de diciembre de 2020 se apertura todo un ciclo electoral, que comienza con la parlamentarias, para en el 2021 ir a comicios para elegir gobernadores y gobernadoras y alcaldes y alcaldesas. Dependiendo de esos resultados de esos tres comicios, la oposición o las oposiciones pudieran plantearse la posibilidad de activar el mecanismo de referendo revocatorio contra Nicolás Maduro el 10 de enero de 2022, así que pudiéramos señalar, sin temor a equivocarnos, que este ciclo electoral no sólo definirá el destino político del gobierno de Nicolás Maduro, sino de la Revolución Bolivariana y de la República Bolivariana de Venezuela por los próximos 50 años por lo menos.
Nuestra población está viviendo un peligrosísimo proceso de despolitización, ya que por un lado, las divisiones, la falta de coherencia política y los reiterados fracasos de la dirección de la oposición en sus intentos desestabilizadores y golpistas ha incidido en su base social y en su movilización. Por otra parte, hay un creciente descontento en la base chavista con la gestión de gran parte de su dirigencia, sin contar el cuestionamiento de nuestros comicios por parte de la maquinaria propagandística que maneja EEUU y sus aliados en el mundo.
De ahí es que considero que una manera importante por estimular la participación de los sectores de izquierda y derecha en el país es con el rescate de un verdadero debate político. Hoy en día, ese debate ha bajado ostensiblemente de nivel, donde se emplean epitetos y palabras altisonantes, descalificaciones personales, y no se debate y contraponen los proyectos y las ideas. Aquél que pueda presentar un proyecto en el que la gente se vea reflejada, pero sobre todo, que le ofrezca solución a los actuales problemas que afronta nuestra sociedad, es el que podrá acceder a posiciones de poder, pero sobre todo, lograr una legitimidad que está muy cuestionada en estos tiempos.
A mi juicio, el surgimiento del bloque denominado Alternativa Popular Revolucionaria sería, a mi modo de ver, una manera de canalizar el descontento de las bases del chavismo hacia las prácticas de algunos sectores a lo interno del Partido Socialista Unido de Venezuela catalogado de sectario y estalinista. Sería un buen germen y experimento de participación electoral a mi parecer, puesto que no ir en una alianza perfecta en el plano electoral, no quiere decir que no se pueda lograr alianzas estratégicas y políticas dentro del parlamento, una vez éste entre en funciones el 5 de enero de 2021. Además de ello, si bien es cierto que las postulaciones de las candidaturas para la AN cierran, de acuerdo al cronograma electoral el miércoles 26 de agosto, no se descarta que los diálogos del PSUV con factores del PPT, PCV y otros puedan continuar y acordar candidaturas con posterioridad a la fecha de las postulaciones, ya que también el cronograma fijado por el CNE prevé hasta el 26 de noviembre la posibilidad de sustituir candidaturas. Más allá del debate y el ruido que esto ha generado. Confió que las asperezas aún están a tiempo de limarse, y de que se concrete una verdadera opción de triunfo por parte del chavismo y la izquierda en Venezuela.
Lógicamente, este surgimiento de contradicciones pretende ser aprovechado por factores de la derecha para mostrar una división del chavismo, y tratarán de escalar en esa matriz a nivel mediático. De este lado, si aplicaramos la denominada técnica de reencuadre, podríamos verla como una oportunidad de depuración del proceso revolucionario en Venezuela, y de recaptura del voto inconforme del chavismo, pero que sigue confiando en el modelo político expresado en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Aquél que adverse las corrientes reformistas que pueden estar enquistadas dentro del PSUV, de las mafias y los desencantados, tendrían en este punto de inflexión una válvula de escape, un factor de corrección y de democratización verdadera que se abre. Lo veo como una posibilidad nada despreciable, de una oportunidad para la reflexión y de redefinición de proyectos y estrategias.
Creo que sería muy saludable para el proceso revolucionario en Venezuela, que organizaciones políticas como el PCV y el PPT, afines al proyecto político de la Revolución Bolivariana, puedan ejercer la labor contralora de la gestión gubernamental, independientemente de la situación de agresión y asedio. Esto además es un derecho constitucional y está previsto en nuestro ordenamiento jurídico vigente. Lo veo como una extraordinaria oportunidad de dar un salto adelante y de demostrar que maduramos en el proyecto político legado por el Comandante Chávez. Se sentaría un positivo precedente, pero no basta con desearlo, ya que eso dependerá de múltiples factores, de las condiciones objetivas y subjetivas por las que pueda atravesar el país durante los próximos meses.
Y esto no solo aplica para partidos políticos de izquierda, sino para aquellos que no tienen militancia partidista y que hacen vida en movimientos sociales. Recordemos que este germen de democracia participativa y protagónica está contenido en nuestro modelo político constitucional, el cual debemos retomar y rescatar en estos momentos.
Como ya lo expresaba párrafos más arriba, si bien es cierto que todos podemos acudir a los órganos de justicia cuando consideramos vulnerados nuestros derechos, no es menos cierto también que, y nuevamente me aferro a nuestra Carta Magna, que en su artículo 67 prevé que todos los ciudadanos y ciudadanas tienen el legítimo derecho de asociarse con fines políticos, mediante métodos democráticos de organización, funcionamiento y dirección. Además de ello, indica este artículo que sus organismos de dirección y sus candidatos o candidatas a cargos de elección popular serán seleccionados o seleccionadas en elecciones internas con participación de sus integrantes.
La percepción que ha habido con las recientes decisiones del TSJ es que se está procediendo a una judicialización de factores disidentes de la izquierda, lo cual podría resultar contraproducente, por las suceptibilidades que se hieren, y ser un factor desestimulante de la participación que se aspira el próximo 6DIC2020. Creo que debe privar el diálogo y la política y evitar la injerencia innecesaria de instancias del Estado en asuntos internos de las organizaciones políticas, porque se estaría sentando un mal precedente, y justificaría el relato de actores de la derecha de que desde el Ejecutivo se estaría "monitoreando" al resto de los poderes.
¿Y si ocurriera que un grupo de militantes de base del PSUV acudiera al TSJ para pedir también la intervención de la directiva de esta organización, que ocurriría? ¿Sería lo mismo que lo ocurrido recientemente con Tupamaro y PPT? Por algunas dudas que me surgen.
Sin duda los riesgos de fraccionamiento y de división del voto pudiera darse de cara a los comicios en la actual coyuntura, pero es preferible eso a otorgar un argumento legitimador a los enemigos de la patria de práctica fascistas, de judicialización y discriminación de la disidencia política, lo cual dentro de la óptica del sistema de Naciones Unidas ( específicamente la Oficina de la Alta Comisionada de Derechos Humanos de Naciones Unidas, bajo la rectoría de Michelle Bachelet), pudiera justificar las políticas de tutelaje e intervención desde el exterior, ante el supuesto atentado por parte del Estado, del cercenamiento de los derechos civiles y políticos de la población venezolana. Claro, esto visto desde la visión hegemónica y limitada de los Derechos Humanos defendido por países bajo un modelo de democracia representativa, que impera en buena medida en la mayoría de los países del mundo.
En Venezuela no están dadas las condiciones para la implementación de un modelo de partido único, o de aplicación de la estrategia del "topo". El propio Hugo Chávez lo planteó con la fundación del Partido Socialista Unido de Venezuela en el año 2007 al solicitar a partidos de izquierda como PODEMOS, PPT, PCV, entre otros, sumarse. Esta idea, no sólo no cuajó (salvo individualidades de dichas organizaciones que se inscribieron dentro del PSUV), sino que pudo haber sido una de las razones de la derrota por uno de los márgenes más estrechos que se recuerde en la historia reciente de Venezuela, en el referendo de la reforma constitucional del 2 de diciembre de 2007.
En estos momentos, mientras haya diversas vocerías y organizaciones políticas donde se identifiquen las corrientes de pensamiento que hay en nuestra sociedad, actuaría como catarsis y válvula de escape, ante una coyuntura particularmente muy difícil y compleja por la cual estamos atravesando todas y todos.
Cabe recordar que Acción Democrática, cuando nace el 13 de septiembre de 1941, era un partido de izquierda, identificado con las necesidades del pueblo. Pero por las desviaciones en las que incurrió, algunos de sus dirigentes que tuvieron responsabilidades de Estado y de gobierno, fueron cayendo en corrupción y en un divorcio terrible con la realidad y las bases políticas y sociales que les permitieron la toma del poder. Esto se tradujo en divisiones primero (MIR, ARI, Liga Socialista, etc) y posteriormente a la pérdida del poder con la llegada del Comandante Chávez a la Presidencia de la República, y a la caducidad de la democracia representativa que tanto defendió esta organización.
En el caso del PSUV, que además de partido de gobierno (y he ahí una primera diferencia con AD y otras organizaciones y partidos, puesto que el PSUV nace dentro del gobierno), indudablemente que sí permite que la corrupción campee a sus anchas, no se conecta con la realidad de sus bases, no abre espacios para la crítica, la redefinición de estrategias y planes, puede darse un proceso similar al ocurrido a AD. No dudo la poderosa maquinaria electoral que en estos momentos el PSUV representa, pero no solo de elecciones vive el hombre, y siempre en política, así como existe la posibilidad de ganar, también está la otra cara de la moneda que es la derrota, y en política, los errores se pagan caro, y también una derrota puede representar la pérdida del poder, que en estos momentos, a mi juicio, sería perder el bien más preciado que hemos logrado, el cual es la independencia nacional.
La importancia de la participación masiva en este ciclo electoral estriba en el grado de legitimidad política que le daremos a nuestro modelo político. Legal y constitucionalmente, no existe quórum que legitime o deslegitime cualquier proceso electoral en Venezuela, pero políticamente sí. Creo que nadie pone en duda que el chavismo y la izquierda en Venezuela recuperen la mayoría en el parlamento. La discusión sería la brecha (Cuantos diputados obtienen, como será la resultante de la coalición de fuerzas a lo interno del parlamento que permita una mayoría simple, de las tres quintas partes o dos tercios, eso lo pudiéramos explicar en una próxima oportunidad), de manera que permita garantizar a la fuerza o fuerzas mayoritarias dentro de la AN si pueden garantizar su funcionamiento por sí sola o deben sentarse a llegar algunos acuerdos para viabilizar ciertas decisiones a adoptar. También el nivel de participación será importante porque esto permitiría legitimar el modelo político, tener un indicador que nos aproxime al grado de satisfacción o insatisfacción con el modelo político vigente, y un primer disuasivo ante los planes de un sector muy minoritario de la extrema derecha venezolana, articulada con sus pares internacionales, pero con mucho dinero, presencia mediática y apoyos logísticos y de armamento, que pretenderá desestabilizarnos desde el punto de vista diplomático, político, militar, económico, financiero, militar, entre otros; por lo que no sólo debemos organizarnos para votar, defender la voluntad popular que se expresará en las urnas durante el ciclo electoral, sino también defender la soberanía e independencia y preservar la paz del país.
Me disculpan lo extenso de esa entrega, pero era muy necesaria para clarificar esta contradicción, que tenía días para escribirla, y no quería dejar pasar mi opinión por debajo de la mesa.
Parte también de estas expresiones las podrán leer también en entrevista que concedí para el portal web vtactual.com con la periodista y amiga Enza García, la cual debería aparecer publicada mañana lunes 24 de agosto. Espero que puedan leer el referido trabajo y tener el feedback de la misma, al igual que las reflexiones realizadas en esta columna.
¡Leales Siempre! ¡Traidores Nunca!
¡Independencia y Patria Socialista!
¡Viviremos y Venceremos!

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