sábado, 31 de agosto de 2013

Obama, el cerdo

ENSARTAOS
Documentos desclasificados y publicados por la revista Foreign Policy, revelan que la CIA tenía conocimientos amplios sobre el uso de armas químicas por parte del Ejército de Iraq contra tropas y civiles iraníes durante el conflicto entre ambos países (1980-1988) y que entregó información de Inteligencia sobre movimiento de tropas para favorecer el entonces presidente Saddan Hussein
El Gobierno de Estados Unidos ha negado en reiteradas ocasiones haber permitido que Iraq ejecutara dichos ataques argumentando que el entonces presidente del país, Sadam Hussein, no anunció públicamente su uso.
Pese a estas negativas, el coronel de las Fuerzas Aéreas Rick Francona, actualmente retirado, ha indicado en declaraciones a la revista estadounidense que “los iraquíes nunca dijeron (a Estados Unidos) que pretendieran usar gas nervioso, pero no tenían por qué, ya que era algo que (Washington) ya conocía”.
Estos ataques permitieron a Iraq desequilibrar los combates y llevar a Irán a la mesa de negociaciones, garantizando así una victoria para la Administración de Ronald Reagan, que se posicionó a favor de ese país árabe desde incluso antes del inicio del conflicto.
En base a los documentos desclasificados y a las entrevistas realizadas a antiguos oficiales estadounidenses como Francona, Estados Unidos tenía pruebas firmes sobre el uso de este tipo de armamento por parte iraquí desde 1983.
En ese momento, el Gobierno iraní denunció en reiteradas ocasiones el uso de este armamento e intentó recopilar información para presentar un informe ante Naciones Unidas, si bien no consiguió las pruebas que implicaran a Irak, algo que tampoco hizo Estados Unidos a pesar de contar con ellas.
El uso de este armamento está prohibido bajo el Protocolo de Ginebra de 1925, que estipula que “los países harán todos los esfuerzos posibles para que otros estados firmen el acuerdo”. Pese a que Iraq nunca ratificó el protocolo, Estados Unidos lo hizo en 1975.
Los documentos revelan que la CIA reconoció que existía la posibilidad de que Irán no consiguiera pruebas persuasivas sobre el uso de estas armas y argumentó que, en cualquier caso, la Unión Soviética las había usado en Afganistán y no había sufrido repercusiones graves.
Asimismo, muestran que altos cargos estadounidenses fueron informados de forma periódica sobre la escala de los ataques con gas nervioso, lo que implica su complicidad en los mismos. Estos ataques fueron los ataques químicos más mortales de la historia documentados hasta el momento, y Washington cifró el número de muertos entre “cientos” y “miles” en cada uno de los ocho casos registrados.
Altos cargos de la CIA, incluyendo el director de Inteligencia Centra, William J. Casey, amigo personal de Reagan, fueron informados sobre la localización de las plantas de fabricación de estas armas, así como del hecho de que Bagdad intentaba crearlas en grandes cantidades para satisfacer las demandas de su Ejército.
“Con el incremento e intensificación de los ataques aumenta la posibilidad de que las fuerzas iraníes consigan un casco de proyectil con gas mostaza y pruebas de su fabricación iraquí”, indicó la CIA en un documento secreto fechado en noviembre de 1983.
“Si los iraquíes producen o consiguen nuevas remesas de gas mostaza lo usarán probablemente contra tropas iraníes y ciudades ubicadas cerca de la frontera”, apunta otro de los documentos desclasificados.
La CIA reconoció en sus informes que el uso de agentes nerviosos “podría tener un impacto significativo en las tácticas de oleadas humanas de Irán, forzando a Teherán a abandonar esa estrategia”. Dicha táctica, que implicaba el ataque masivo de tropas contra puestos iraquíes, se demostró decisiva en varias batallas.
La agencia manifestó asimismo en marzo de 1984 que Irak había comenzado a usar agentes nerviosos en el frente de Basora y que podría usarlo “en cantidades significativas” de cara a otoño de ese mismo año.
ENTREGA DE INTELIGENCIA
Pese a que las autoridades estadounidenses tenían conocimiento del uso de este armamento y de que apoyaban a Irak en el conflicto, no procedieron a entregar información de Inteligencia a Bagdad hasta 1987, cuando sus aviones de reconocimiento detectaron una brecha en el frente iraquí cerca de Basora.
La CIA detectó una acumulación de tropas iraníes al este de la localidad en torno a dicho vacío y advirtieron de que la ofensiva de primavera iba a ser mayor que las anteriores, lo que podría provocar la caída de Basora y el colapso del Ejército iraquí.
Tras ser informado de esta posibilidad a través de un informe secreto, Reagan escribió una nota al margen para el secretario de Defensa, Frank C. Carlucci, en la que recalcó que “una victoria iraní es inaceptable”, tal y como ha relatado Francona.
En consecuencia, la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA) recibió autorización para entregar información detallada a los servicios de Inteligencia sobre el despliegue y movimientos de las tropas de combate iraníes, tras lo que fueron ejecutados varios ataques con gas sarín contra las posiciones iraníes en los alrededores de Basora.
En el marco de estos ataques, Bagdad usó también este armamento contra soldados iraníes en la península de Fao, ubicada al sureste de Basora, lo que provocó finalmente que las tropas iraquíes retomaran la península.
En los meses siguientes al inicio de la entrega de información de Inteligencia por parte de Estados Unidos, las tropas iraquíes usaron gas sarín de forma masiva contra Irán y bombardearon dichas zonas para enmascarar el uso del mismo. Asimismo, el Gobierno iraquí utilizó gas nervioso en marzo de 1988 contra la localidad kurda de Halabya, en el norte del país.
El último de estos ataques, ejecutado en abril de 1988 en la que fue llamada ‘Ofensiva Sagrado Ramadán’, las fuerzas iraquíes usaron la mayor cantidad de gas sarín utilizada para un ataque de estas características hasta la fecha. Hasta la fecha ningún ataque con armas químicas ha superado la escala de los ejecutados por Hussein en dicho conflicto.

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