viernes, 18 de noviembre de 2011

Masacres de Perez Jimenes
El 21/N. Una experiencia polÌtica

Chela Vargas

   Bien dijo Domingo Alberto Rangel: a Pérez Jiménez lo tumbaron los comunistas. El partido comunista aprovecho la clandestinidad para organizarse, estudiar la situación del país  y elaborar una acertada línea política. Esa dilección acertada del otrora PCV, la discutió e implemento ampliamente la juventud comunista.  La JC, se fortalecía organizativa e ideológicamente en la lucha clandestina. Era obligatorio porque así lo exigía la batalla política junto al  pueblo,  estudiar diariamente los textos de Mao, Lenin, Marx y demás clásicos del marxismo. La política de unidad, amplitud y viraje hacia las masas aprobada por el partido, se puso en practica: unidad significó organizar el frente universitario con jóvenes de AD, COPEI Y URD.

La Unión de Muchachas  Venezolanas una amplia organización cultural donde Modesta Bor participaba organizando  las jóvenes de los barrios, con  el baile del tamunangue y demás formas de expresión popular. Las  Juntas Comunales de los barrios, los comités de obreros fue la  escuela donde nos vinculamos a los problemas reivindicativos del pueblo y elevarlos luego a la lucha política contra la dictadura. Todavía  quedaba  tiempo para una publicación necesaria para orientar a los jóvenes: la Revista Joven Guardia, allí los jóvenes se expresaban sus problemas mas sentidos,  poesía, deporte, problemas reivindicativos. Me acuerdo que una de las propuestas  era piscinas publicas para la expansión de los jóvenes.

La JC, fue fuertemente reprimida. La mayoría de los dirigentes presos en Guasina, el Obispo, o en el mejor de los casos perseguidos. De la dirección nacional, quedábamos Alfredo Maneiro y yo. El 20/N estuvimos reunidos con Rodríguez Bauza del partido, en la  fuente de Soda Pacifico de San Bernardino hasta la madrugada, evaluando la jornada. El buró universitario, el liceísta, las juntas parroquiales y el frente de los obreros de la zona, Habían preparado bien  las acciones de agitación y propaganda en sus respectivas comunidades. Cuando entramos con Enver Cordido, camuflageados, en un cadilac de su papa, al recinto universitario, a las 6.a.m., llev·bamos un cargamento de volantes que habia salido de múltiples bateitas y multigrafos de los diferentes sectores, llamando a la huelga por la libertad de  profesores y estudiantes.

   A las 10 a.m. la  multitud estudiantil se concentra en la plaza del rectorado. El espurio Esposito Jiménez llamó al ejército. Un pelotón de soldados nos rodeó alzando fusiles. Sentados en el suelo envueltos en la bandera entonamos el himno nacional. Una comisión dialogó con  un  joven militar que los comandaba: ¡no podía masacrar a los hijos de su pueblo!. Invocando  su condición  esencial de soldado: ordenó bajar las armas   retiro.
  En el puente Plaza Venezuela, un cordón de policías espero disparando. Nos replegamos. El día siguiente, en el campus universitario, el enfrentamiento con los esbirros de la seguridad nacional se recrudece. El pueblo se solidariza.  La insurrección popular contra la dictadura se pone en marcha.


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