Alfonso Cano: un intelectual de la revolución
Intelectuales de la talla de Cano, a pesar de ocupar el escalón jerárquico más elevado, mueren en combate; su muerte es la irrefutable prueba de su igualdad de condiciones y riesgo en relación al resto de sus compañeros, subsistiendo en las adversas condiciones cotidianas de la selva colombiana, sin privilegios, embarrándose en la historia, interviniendo en ella en praxis, alejándose de los cómodos gabinetes y oficinas de estudio teórico que caracterizan a los intelectuales pequeños burgueses. Los intelectuales como Cano ponen a prueba sus diplomas, reconocimientos teóricos y títulos académicos en la práctica revolucionaria, los arriesgan en la práctica, poniendo en juego su vida en forma absoluta e incidiendo de manera determinante en el curso mismo de la historia.
Como en una ecuación matemática los mitos caen y las incógnitas se develan: los narcos como Pablo Escobar se visten de traje y corbata, se movilizan impunemente por la ciudad a plena luz del día con el consentimiento de las autoridades gubernamentales, el narcotráfico los provee de lujos y privilegios y duermen en gigantescas mansiones. Los revolucionarios como Alfonso Cano, en cambio, se visten de guerrilleros, se ocultan y movilizan en la clandestinidad o en la densa vegetación selvática para no ser detectados por los gobernantes tiranos, subsisten superando las carencias y adversidades del medio, luchan arriesgando su vida por un ideal en pos del bienestar del pueblo, y duermen quizás en el suelo, rodeados de plantas y animales salvajes. Así vivió y murió Alfonso Cano, máximo líder y Comandante en Jefe de las FARC-EP.
Su muerte resulta irrebatiblemente dolorosa para los pueblos de Colombia y el resto de nuestra Latinoamérica. Lo lloran en masa trabajadores, campesinos, estudiantes, luchadores por la paz y militantes de toda Colombia y Latinoamérica. Pero la dialéctica afirma que nada es bueno o malo de modo uniforme; la muerte de Cano permite también escombrar mitos prosaicos de supuestas debilitamientos, también aquellos de supuestas ventajas, privilegios y lujos de los lideres por sobre el resto de sus compañeros, y es ocasión más que propicia para reafirmar sus ideas que solo en el intento de materializarlas permanecerán vivas como la de tantos caídos
Quienes luchamos por la patria grande y el cambio social repetimos inclaudicablemente “Podrán cortar todas las flores, pero nunca terminarán con la primavera.” La muerte en combate del compañero Alfonso Cano no detendrá el carácter ofensivo y el hostigamiento constante de la guerrilla que ha venido en aumento estos últimos años para que se imponga y prevalezca la paz con justicia social en Colombia. Será una oportunidad de enorme responsabilidad y sacrificio para quien deba remplazarlo en su deber. De nuestra parte de aquí en más debemos redoblar esfuerzos y tomar las riendas del cambio y la transformación social por medio de un compromiso teórico-práctico que resulte inamovible para los enemigos y contendientes de la paz tal como lo hicieron nuestros mártires.
Comandante e Alfonso Cano… ¡Hasta la Victoria Siempre!
Patria o muerte… ¡Venceremos!
Manuel Koba. Estudiante de la Lic. en Economía. Argentina, centro del país
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