sábado, 12 de diciembre de 2020

AMO A CARACAS...

 Seguramente ya les dije que amo Caracas, si, amo esa ciudad furiosa, surrealista, loca, ahí mis mejores y peores recuerdos, ahí mis amores y lo que pudo haber sido y no fue, ahí el akelarre que me cobija, hermanas mayores y menores, todas sabias. Amo la tierra de nadie y también cada pasillo de la amada UCV, amo la esquina del cuño y a mi entrañable Cesar, la plaza de la pastora donde me tocó el amor, catia y su 23, caricuao y sus poetas, sabana grande y el callejón, el Paraiso, Parque Central y el Waraira, amo San Agustín desde el Metro Cable, Los Chaguaramos y Las Americas, pero hay un lugar que amo con locura, Bellas Artes y el arlequín del teatro callejero arengando porque va a empezar la función, el artesano que me ilustra con esmero su arte, aún sabiendo que no voy a comprar, amo al bailarín que con sus pies descalzos danza en medio de la plaza, amo la paz de los museos, y la conversa echada debajo de un árbol centenario del Paque Los Caobos, es un lugar tan mío que aunque ande sin nadie ando con todos. Ahí sucedió el encuentro, ya lo había visto en un par de oportunidades, de una llamo mi atención, el hermoso anciano con el cuatro bajo el brazo, me prometí mientras pasaba velozmente por su lado (porque en esa ciudad vertiginosa, una siempre está apurada) que cuando tuviera algo de tiempo me detendría a hablarle, me prometí que sería su amiga.

Por esos días, en tareas de dirección, solía vivir en el Alba Caracas, una noche, ingrima y sola, con 4 camas blancas y un impecable baño con agua caliente, champú, cremita y afines, miraba aburrida por la ventana, era viernes y esos cuerpos que veía caminar por la avenida lo sabían, vi pasar a dos policías por el lado de un piedrero y su bocanada sin que nadie viera a nadie, unos chamos apuraditos para llegar al metro, una muchacha arrastrando al carajito que se negaba a caminar, observé mucha gente dispuesta a acabar el trapo rumbo a la plaza o al Teresa, no lograba divisar desde ese punto donde era el sarao, de pronto la vi, hurgaba entre la basura, desde el piso 9 no podía detallarla, era flaca, muy flaca, bien pudo haber sido una anciana o una niña. Comence a pensar ¿como terminaría en esa situación? mientras ella buscaba quien sabe que, unas cuantas historias revoloteaban en mi cabeza, ¿un mal amor? ¿Drogas? Tal vez colecciona cosas encontradas en la basura, o quizás esta siendo explotada por una red de vividores, de pronto todo mi aburrimiento se esfumó , una maravillosa idea cruzó por mi mente, me puse pa la cosa, tomé la chaqueta, la llave, la cédula y salí casi a la velocidad de la luz de la habitación, el ascensor me esperaba abierto invitandome a esta nueva aventura, rescatar a la hermana indigente, ella se bañaría con agua caliente y usaría todos los frasquitos que esperaban en el baño, luñe daría de comer el pan con queso guayanés que me había quedado de la cena y luego dormiría en las impolutas sabanas del extinto Caracas Hilton, ella me contaría su historia de vida y yo a ella que en esas camas durmieron todas las barraganas de presidentes, ministros y otras perlas de la cuarta, también le contaría que ahí mismo, quien sabe si salia premiada y en mi cama , había dormido el gran Fidel Castro, todo esto lo pensaba mientras alcanzaba el lobby, al pasar por ahí sonreí pensando en la cara de empleados y porteros cuando me vieran entrando con mi reciente amiga aromática a basura, en verdad quería salvar dos pájaros de una pedrada mortal, ella, mi nueva amiga disfrutaría de una noche de descanso y yo tendría mi pequeña venganza. Salí apresurada a la avenida, llegue al basurero, ella ya no estaba, con la mirada la busqué, pero la noche oscura en la ciudad de la furia había hecho su trabajo, con la esperanza viva me acerqué a la plaza de la universidad, Chávez me miraba de frente con esa mirada tan suya y esos colores tan de Chamanico, ahí andaba pensando pendejadas cuando lo oi, era un lamento, un grito de resistencia, de evasión, de rabia, de revolución, inmediatamente me adentré en el buen vivir, estaba repleto, yo avanzaba entre la gente buscando eso que sonaba, era un blues y el instrumento era un cuatro, vi de donde provenía, pero no podía avanzar , el cantor estaba rodeado de gente, mucha, yo como pude me fui deslizando hasta la olla, lo vi, sonreí sorprendida del hallazgo, como pude, encontré un lugar solo para mi, y aunque me sentía perturbada, pude dar rienda suelta al sentimiento, de pronto el Misisipi se convirtió en el Guaire cristalino, en el bríoso Caroni, sentí su lamento en mi piel, el quejido cual escencia ante la imposibilidad de lograr el poder de la liberación, me sentí Africa en toda su dimensión, recordé a mi tatarabuela negra cuyo amo violó heredandome estos ojos verdes y otra vez la rabia, la tristeza y el gozo. Quise invitarlo al hotel, que comiera, se bañara y durmiera entre sabanas blancas, pero el, instaladísimo nunca estaba solo, tenía tantos fans, todos querían una foto con el, yo, despues de esperar bastante, como el blue y el flamenco, me resigné y vi toda su dimensión de genio, de artista de la calle, de la vida, reconocido por los iguales, por los que nada tienen y aunque tengan, nada les pertenece, volví sobre mis pasos al hotel, ya las luces del amanecer amenazaban con acercarse, mientras subía bien cansada, jodida y contenta, me di cuenta que no siempre es lo que una quiere, esa noche no me tocaba dar como inicialmente pensé, esa noche me tocaba recibir una lección inolvidable.
La imagen puede contener: una o varias personas, personas en el escenario y personas tocando instrumentos musicales

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