martes, 29 de mayo de 2018


REFLEXIONES INGENUAS: 

“LIBERTAD PARA LOS PRESOS 

POLITICOS”
Por Carlos M. Rodríguez C.
Pareciera que los que se llaman políticos, o los que tienen experiencia como líderes políticos, comunicadores sociales, abogados, politólogos utilizan su prestigio como arma para mantener la dominación  a los ciudadanos a través de figuras del lenguaje como lo es la falacia, el sofisma, la mentira, en especial cuando se trata de justificar o defender posiciones o hechos que rayan lo racional.
          Desde que el Presidente Maduro anunció que solicitaría a la Comisión de la Verdad indulgencia para los opositores que incurrieron en “errores” el debate político se banalizó ya que, a partir de ese momento, se abre un frente de discusiones que distraen el interés por la solución de los reales problemas sociales que atraviesa la sociedad venezolana, en especial aquellos relacionados con la economía, inseguridad, salud, transporte, producción de alimentos, insumos y la transformación revolucionaria tan anhelada por aquellos que aún mantienen sus sueños de justicia, inclusión, seguridad social.
          Resulta que ahora los “demonios” que quemaron seres humanos, asesinaron, causaron heridas a ciudadanos trabajadores, personal de seguridad ciudadana,  incendiaron viviendas, vehículos del estado, instituciones públicas, escuelas, CDI, ambulatorios, sabotearon los servicios de luz eléctrica y agua, talaron y quemaron árboles de las avenidas, asaltaron  cuarteles, saquearon se han convertido, desde el mismo momento que se ganaron las elecciones, en “angelitos”, “querubines”, “serafines” figuras celestiales que incurrieron en pequeñas “tremenduras” sólo por diversión, por distracción, por solaz y los cuales tienen “derechos humanos” por lo tanto hay que defenderlos de la “dictadura bolivariana” en especial en este momento que se convoca a un gobierno de reconciliación nacional.
Pero va más allá la vaina, resulta que estos “inocentes combatientes por la patria” son declarados presos “políticos”, es decir, presos de “conciencia” los cuales, ateniéndonos a la libertad de pensamiento, y de acuerdo con los art, 333 y 350 de la C.R.B.V. tienen el derecho de disentir y  desobedecer  a la autoridad y  al gobierno si el mismo entra en contradicción con los principios de justicia, libertad, legitimidad, derecho a réplica, en consecuencia, son personas encuadradas dentro de los márgenes de libertad de pensamiento y acción y el gobierno tiene que respetar sus decisiones, acciones, hechos.
Y fieles a su espíritu democrático, los “espíritus celestiales” en referencia salieron a destruir, quemar, asaltar, asesinar, agredir a todo aquello que les oliera a chavismo y en esa orgía “libertaria”, apoyados siempre por aquellos que hoy día los defienden, destruyeron e incendiaron instalaciones públicas, asesinaron más de 130 personas, hirieron a más de 1.000,  quemaron a más de 10 ciudadanos, incendiaron decenas de vehículos oficiales, cientos de buses de transporte público, afectaron la economía familiar, local, municipal.
Ahora, personas de la calaña de Antonio Ledezma, el verdugo de ancianos cuando fue gobernador de Caracas, de Ramos Allup, defensor de la masacre del 27 de febrero de 1989, de la CEV, cómplice de los asesinatos de los guariberos y alcahueta de la derecha asesina, de los militares golpistas, de exfuncionarios de gobiernos tanto de la IV como la V República en los cuales ocuparon cargos de responsabilidad y brillaron por su ineficacia y ejecutorias de dudosa eficiencia, quienes hablan de privación de libertad, violación de los derechos de los ciudadanos, de  dictadura  y piden la libertad de dichos malandros como si nada hubieran hecho, no hubieran quebrado un plato, ni siquiera se hubieran comido la luz roja de un semáforo, utilizando a los medios de información y a comunicadores sociales que, a través de sendas argumentaciones mendaces, intentan convencer al pueblo de la inocencia de los  malhechores detenidos.
Pero, la categoría de “presos políticos” incluye, por supuesto, a funcionarios corruptos acusados o en averiguación unos y en etapa de juicio penal otros por delitos tales como el desfalco a la nación, apropiación de bienes nacionales. Igualmente que los militares y civiles golpistas del 2002, los terroristas del 2017, los prófugos, los instigadores a la guarimbas, los banqueros corruptos, los empresarios acaparadores, los especuladores, es decir, todo aquel que haya hecho apelado a  los art.333 y 350 de la Carta Magna.
Pero además, tienen el descaro de afirmar que: “ha llegado el momento de que vayamos hacia una liberación total de los presos políticos en Venezuela, una amnistía general que dé a estos ciudadanos que tienen tiempo tras las rejas una libertad plena, sin condiciones. Así como se liberó plenamente al ciudadano norteamericano Joshua Holt, y ya se encuentra en su país, pues también los presos políticos merecen un trato similar” ¿Qué tal? 
Añadiendo para rematar: “liberar presos y someterlos a otra forma de condena como medida sustitutiva, presentación, prohibición de salida del país, entre otros, sería un pequeñísimo avance pero no resolvería el problema fundamental que es mostrar una señal creíble y verdadera de que hay plena disposición a que en Venezuela nos reencontremos y superemos los niveles de concentración que tenemos en este momento”. ¿O sea?
Imagínense, si Ledezma se fugó teniendo casa por cárcel, igual lo hizo Lappi, Luisa Ortega. Si emigró Mari Cori,  huyó Néstor González G., López Cisco, Rosales en su ocasión, Patricia Poleo, Carmona Estanga, Guaicaipuro Lameda  y desde sus exilios dorados exhortan a la rebelión, a quemar al país, imaginémonos  ahora libre de todo pecado, sin ataduras de ningún tipo, amnistiados…
Pensemos en Leopoldo libre de toda culpa. Imaginemos a Ramírez paseando libremente por el este de Caracas, viviendo la vidorria con sus millones bien habidos ganados con el sudor de su frente cuando era el súper magnate de PDVSA, hagámonos la idea  de David Smolansky, Ramón Muchacho, Warner Jiménez, Gustavo Marcano, Omar Lares liberados y absueltos de sus juicios por corrupción disfrutando de las playas barloventeñas.
Pero pensemos también en aquellos que asesinaron, quemaron, agredieron a personas honestas, trabajadoras, padres de familia paseando impunemente por las calles del país, mostrando orgullosamente  la injusticia del acto  de su amnistía. Imaginemos  el sentimiento de los familiares de aquellos camaradas que cayeron en las guarimbas del año 2014 y se topen con Leopoldo en una de ellas. ¿Cuáles serán sus sentimientos? ¿Se sentirá traicionado por aquel que prometió  castigo para los que han hecho delitos contra el pueblo? ¿Qué sentirán los familiares de aquellos que resultaron muertos a manos de guarimberos en el año 2017 y que sean liberados por solicitud presidencial?
La amnistía a la que hacen referencia  la oposición, los saltimbanqui posmodernos de la izquierda “guabinosa”,  a la cual le dio cabida Maduro con sus coqueteos con la derecha, constituye una matriz de opinión que tiene doble rasero: Por una parte que se asuma que los presos son inocentes tal como se ha asumido con el caso de Joshua Holt y que el culpable es el gobierno de Venezuela. Por la otra el reconocimiento que el gobierno la está haciendo mal y por ende las personas presas tienen razón en protestar, asesinar, quemar…Por eso están utilizando los medios de información y comunicadores sociales con aceptación popular para difundir la idea y hacer que el gobierno acceda a  sus peticiones.
Si Maduro cae en la trampa que el mismo ¿inocentemente? tendió, se hará el Harakiri político pues fortalecerá el argumento que en Venezuela hay una dictadura, un mal gobierno, un gobierno represivo y la derecha profundizará sus  presiones hasta que se haga efectiva la intervención altamente deseada por Trump y sus lacayos.
Pero además, el pueblo venezolano está empezando a sentir decepción porque hasta ahora “no ha visto el queso a la tostada” y los días pasan sin propuestas concretas, acertadas, factibles  sino que ha habido retórica y más retórica y los problemas se agravan, el desabastecimiento prosigue, la corrupción crece, los abusos se multiplican.
La paciencia tiene un límite y la furia de los pueblos es incontenible cuando se pierde la esperanza y la credibilidad en sus gobernantes. Ojalá el volcán revolucionario no haga erupción en contra de su propio gobierno. Ojalá no.
Hasta la victoria siempre. Venceremos






         




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