Silvio Rodríguez: La ejecución de Troy Davis me hace dudar de la efectividad de los reclamos colectivos
A propósito de la pena de muerte, aquí les van dos décimas que escribí cuando en 2003 leí en la prensa que habían sido fusilados tres jóvenes secuestradores de unas turistas francesas. Fue la última vez que se aplicó esta terrible pena en Cuba. Aquel día triste sólo atiné a enviar mis inútiles versos a algunos amigos. Tiempo después los publiqué en el libro “Cancionero”, entre el probable repertorio que integraría el disco “Segunda cita”. Lo cierto es que no llegué a ponerlos en música, sólo quedaron las palabras.
VIVA MI NOBLE BANDERA
Son pimienta en el asiento
la sensación de hacer nada,
la burocracia sagrada,
un nuevo fusilamiento.
A punto en tales momentos
de soltar un disparate,
quien me ataja no es el vate,
el familiar o el amigo
sino ver al enemigo
salir contento al combate.
la sensación de hacer nada,
la burocracia sagrada,
un nuevo fusilamiento.
A punto en tales momentos
de soltar un disparate,
quien me ataja no es el vate,
el familiar o el amigo
sino ver al enemigo
salir contento al combate.
Fantasía tarambana
contarle manchas al sol
(y sé que existe el bemol
en la música cubana).
Pero una luz de mañana
rompe en el páramo inerte
y pide que cante fuerte
desde adentro y hacia fuera:
¡Viva mi noble bandera,
muera la pena de muerte!
contarle manchas al sol
(y sé que existe el bemol
en la música cubana).
Pero una luz de mañana
rompe en el páramo inerte
y pide que cante fuerte
desde adentro y hacia fuera:
¡Viva mi noble bandera,
muera la pena de muerte!
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