miércoles, 11 de septiembre de 2019

A Salvador Allende En Su Combate Por La Vida - Pablo Milanes

YA COMENZARON LOS EJERCICIOS MILITARES VENEZUELA SOBERANÍA Y PAZ 2019 EN TÁCHIRA

Este martes, el jefe del Comando Estratégico Operacional 
de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Ceofanb), 
Remigio Ceballos, compartió algunas imágenes del 
inicio de los Ejercicios Militares Fronterizos Venezuela
 Soberanía y Paz 2019, ordenados por el presidente
 Nicolás Maduro.

“Consagrando nuestro derecho soberano a ser libres 
e independientes, almirante en jefe Remigio Ceballos 
dio inicio a la operación Venezuela Soberanía y Paz
 2019. Patriotas desplegados en la patria de Bolívar 
para defender palmo a palmo nuestro territorio sagrado”, 
informó el Ceofanb a través de su cuenta en  la red 
social Twitter.

El presidente Maduro anunció recientemente sobre 
la puesta en marcha de estos  ejercicios  castrenses 
que se desarrollaran desde el 10 de septiembre 
hasta el 28 de este mes  en la frontera con Colombia  
de forma preventiva ante las constantes amenazas 
del gobierno de Iván Duque. 

(LaIguana.TV)

Rafael Viloria - El Pez Multicolor

Último discurso de Salvador Allende 11 septiembre 1973 Radio Magallanes

Salvador Allende ,el chileno màs grande de la historia de Chile..wmv

martes, 10 de septiembre de 2019

El chavismo como construcción ideológica de nueva generación


Barómetro Internacional




Tal cual se ha considerado al leninismo como el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria, el chavismo podría presentarse como la postura bolivariana del período histórico correspondiente a la lucha por obtener y completar la absoluta descolonización de Venezuela, esta vez en un amplio sentido cultural y económico, así como de emancipación política frente a la hegemonía imperialista de Estados Unidos (ejercida sin mucha oposición a lo largo de la geografía nuestraamericana) y de la construcción y práctica de una nueva clase de democracia, la democracia participativa y protagónica. Estos rasgos serían suficientes para anexarle al chavismo la categoría de ideología (como algunos ya lo reconocen), a pesar de estar compuesto por diferentes aportaciones revolucionarias extraídas de experiencias y teóricos de otras épocas y latitudes; lo cual -visto con objetividad- no hace mella en su singularidad.
 

Para los puristas (especialmente quienes siguen el ideario bolivariano), el chavismo sería una aberración al unir los ideales encarnados por Simón Bolívar con aquellos representados por Marx, Engels y Lenin, aduciendo que entre los mismos existiría una incompatibilidad insuperable. Igual ocurre con las referencias al Evangelio, al ubicar a Jesús de Nazaret como el precursor del socialismo revolucionario, lo que le produce urticaria a la jerarquía eclesiástica, habituada a condenar -junto con las clases dominantes- cualquier tentativa por hacer posibles sus postulados fundamentales, explotando, al mismo tiempo, el anticlericalismo de muchos marxistas. Otro tanto sucede entre aquellos que profesan el marxismo leninismo, el trotskismo y el anarquismo, al cuestionar el militarismo presente en un gran porcentaje de cargos de gobierno, compartidos con ex militantes de los principales partidos políticos tradicionales (AD y COPEI), así como el reformismo, traducido en la falta de medidas realmente anticapitalistas y el fortalecimiento del viejo Estado burgués liberal.

No obstante, en medio de todo, el chavismo representa para los sectores populares una opción válida, la cual -entre otras cosas positivas- les permitió visibilizarse e intervenir de manera decisiva en los asuntos del Estado, asumiendo una posición protagónica que siempre les fue negada por los regímenes anteriores, a pesar de los discursos rimbombantes que, en toda fecha patria, ensalzaran su soberanía. Pero no es esta la única circunstancia que le dio base popular al chavismo. Chávez entendió la importancia de saldar la enorme deuda social acumulada durante más de cuarenta años con el pueblo venezolano, lo que comenzó a hacer mediante la implementación de las diferentes El chavismo como construcción ideológica de nueva generación
Si bien es cierto que los cambios cuantitativos producidos a partir de estas Misiones se palpan en un mejoramiento sustancial de las condiciones materiales de vida de la gran mayoría excluida (cuestión negada reiteradamente por los grupos de la oposición), sería necio admitir que algo similar se logró también en materia económica, implantando el socialismo revolucionario en las instituciones y empresas pertenecientes al Estado como en aquellas que se expropiaron y crearon bajo la figura de propiedad social y comunal. Es decir, en un plano político-ideológico pudo avanzarse en la idea de construir lo que Hugo Chávez denominó el socialismo del siglo 21, pero poco (o nada) se concretó bajo tal orientación en el orden económico; convirtiéndose esto último en el talón de Aquiles del chavismo, sobre todo en lo que respecta a la socialización, diversificación e intensificación de la actividad productiva nacional.

Como explicación de esta realidad contradictoria, en «Razones de una revolución», Mario Sanoja e Iraida Vargas Arenas concluyen que «la casualidad de nuestro atraso y de nuestra crisis social es de carácter estructural e histórico: sus raíces se afincan en la condición colonial que nos fue impuesta en el siglo XVI y en la condición semicolonial y dependiente en la cual vivimos desde 1810». Por tanto, le toca al chavismo (entendido desde abajo) librar una crucial batalla de índole cultural e ideológica para extirpar esta rémora histórica, la cual -ahondando en sus repercusiones a través del tiempo- se mantiene viva en el comportamiento dual, despótico y servil, de dirigentes, funcionarios y gobernantes. Circunstancia que conspira permanentemente contra la posibilidad real de alcanzar una democracia participativa y protagónica, al modo de la consagrada en la Constitución de 1999, obligando al pueblo a trazarse metas que la superen definitivamente, incluyendo la estigmatización excluyente y racista de que ha sido víctima por parte de los sectores dominantes y de sus ideólogos orgánicos.

En este punto, la descolonialidad del pensamiento es una tarea impostergable del chavismo, sin excluir la visión emancipatoria del socialismo, si se detecta en él elementos que definen al eurocentrismo; una cuestión que pocos se atreven a abordar con la seriedad y la objetividad que merece, contentándose con sólo hacer alardes de un conocimiento escolástico y una retórica vacua, sin asidero alguno con la realidad a transformar. Aún con sus muchas debilidades a cuestas, no se puede desmeritar del todo al chavismo. Tiene a su favor la virtud de haber motivado y movilizado a un amplio segmento de la población tras un proyecto de redención social y de soberanía nacional que no pudieron articular los grupos de la izquierda tradicional, independientemente de su constancia, sacrificios y heroísmo, plasmados, básicamente, en la época de la lucha guerrillera. Gran parte de sus postulados recogen las aspiraciones y experiencias heterogéneas de movimientos sociales y políticos de una diversidad de países, lo que atrae la atención a nivel mundial, suponiendo que estos orientan la transición a una sociedad de tipo socialista y, por ende, anticapitalista. Sin menoscabo de lo hecho y pregonado por veinte años consecutivos, es factible que el chavismo (entendido y erigido desde abajo) pueda percibirse y admitirse como una construcción ideológica de nueva generación. O, por lo menos, servir de inspiración y de base para que surja y se consolide un amplio movimiento popular pluralista que, quizá, lo trascienda. En lo que ha sido y tendría que ser. - mandingarebelde@gmail.comde inclusión social, aprovechando los cuantiosos dividendos generados por la renta petrolera.
Si bien es cierto que los cambios cuantitativos producidos a partir de estas Misiones se palpan en un mejoramiento sustancial de las condiciones materiales de vida de la gran mayoría excluida (cuestión negada reiteradamente por los grupos de la oposición), sería necio admitir que algo similar se logró también en materia económica, implantando el socialismo revolucionario en las instituciones y empresas pertenecientes al Estado como en aquellas que se expropiaron y crearon bajo la figura de propiedad social y comunal. Es decir, en un plano político-ideológico pudo avanzarse en la idea de construir lo que Hugo Chávez denominó el socialismo del siglo 21, pero poco (o nada) se concretó bajo tal orientación en el orden económico; convirtiéndose esto último en el talón de Aquiles del chavismo, sobre todo en lo que respecta a la socialización, diversificación e intensificación de la actividad productiva nacional.

Como explicación de esta realidad contradictoria, en «Razones de una revolución», Mario Sanoja e Iraida Vargas Arenas concluyen que «la casualidad de nuestro atraso y de nuestra crisis social es de carácter estructural e histórico: sus raíces se afincan en la condición colonial que nos fue impuesta en el siglo XVI y en la condición semicolonial y dependiente en la cual vivimos desde 1810». Por tanto, le toca al chavismo (entendido desde abajo) librar una crucial batalla de índole cultural e ideológica para extirpar esta rémora histórica, la cual -ahondando en sus repercusiones a través del tiempo- se mantiene viva en el comportamiento dual, despótico y servil, de dirigentes, funcionarios y gobernantes. Circunstancia que conspira permanentemente contra la posibilidad real de alcanzar una democracia participativa y protagónica, al modo de la consagrada en la Constitución de 1999, obligando al pueblo a trazarse metas que la superen definitivamente, incluyendo la estigmatización excluyente y racista de que ha sido víctima por parte de los sectores dominantes y de sus ideólogos orgánicos.

En este punto, la descolonialidad del pensamiento es una tarea impostergable del chavismo, sin excluir la visión emancipatoria del socialismo, si se detecta en él elementos que definen al eurocentrismo; una cuestión que pocos se atreven a abordar con la seriedad y la objetividad que merece, contentándose con sólo hacer alardes de un conocimiento escolástico y una retórica vacua, sin asidero alguno con la realidad a transformar. Aún con sus muchas debilidades a cuestas, no se puede desmeritar del todo al chavismo. Tiene a su favor la virtud de haber motivado y movilizado a un amplio segmento de la población tras un proyecto de redención social y de soberanía nacional que no pudieron articular los grupos de la izquierda tradicional, independientemente de su constancia, sacrificios y heroísmo, plasmados, básicamente, en la época de la lucha guerrillera. Gran parte de sus postulados recogen las aspiraciones y experiencias heterogéneas de movimientos sociales y políticos de una diversidad de países, lo que atrae la atención a nivel mundial, suponiendo que estos orientan la transición a una sociedad de tipo socialista y, por ende, anticapitalista. Sin menoscabo de lo hecho y pregonado por veinte años consecutivos, es factible que el chavismo (entendido y erigido desde abajo) pueda percibirse y admitirse como una construcción ideológica de nueva generación. O, por lo menos, servir de inspiración y de base para que surja y se consolide un amplio movimiento popular pluralista que, quizá, lo trascienda. En lo que ha sido y tendría que ser.

mandingarebelde@gmail.com

Fuente: https://barometrolatinoamericano.blogspot.com/2019/09/el-chavismo-como-construccion.html
Comunicado del frente 5º de las F.A.R.C - E.P
Fierro en mano, contra la tiranía LA LUCHA SIGUE
LLAMAMIENTO AL PUEBLO DEL NOROCCIDENTE COLOMBIANO

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La región noroccidental de Colombia, como muchas otras del país, ha sido una de las áreas donde se dieron grandes batallas políticas con el concurso sacrificado de la gente más humilde y sufrida de sus comarcas. En ese torbellino de vicisitudes por la conquista de los sueños de justicia social ha estado también la presencia de la insurgencia de ese mismo pueblo y de esos mismos sueños. Quiero traer memoria de que 1972 fue el año en que irrumpieron los primeros 3 guerrilleros como pequeño destacamento de quijotes, que venían con la misión de echar raíces, crecer y ampliar el espectro de influencia de la insurgencia que apenas estaba llegando a sus ocho años de existencia con la experiencia ya épica de la resistencia de Marquetalia, Riochiquito y El Guayabero.
La comisión la integraban el camarada Alberto Martínez y otros dos compañeros que pronto murieron en una emboscada realizada por el ejército. También Alberto cayó en combate muy temprano, pero habiendo dejado abonado el terreno para el florecimiento de la resistencia insurgente. En su reemplazo llegó a la región de Urabá el legendario comandante Efraín Guzmán a asumir la jefatura de lo que ya era el Quinto Frente de las FARC-EP, estructura guerrillera hecha de sudor y sangre, de sacrificios y utopías libertarias con esfuerzo integral Fariano, pero ante todo para esa zona, con esfuerzo de las pobrerías que ahí habían nacido y sobrevivido en medio del abandono del Estado.
Correría quizás el año 1984 cuando en la región se hace ostensible una oleada de masas que sin duda era la expresión del constante trabajo de integración de la insurgencia y de las gentes que anhelaban justicia. Con pulso y desprendimiento a toda prueba, las comunidades del noroccidente colombiano entretejían proyectos de organización comunitaria, de movimiento social y político eminentemente popular, que de una u otra forma confluían con el pensamiento y el accionar político y organizativo del Partido Comunista y de la naciente Unión Patriótica como una de las grandes ilusiones de paz que tomaran como bandera los sectores subalternos de aquella región de la Colombia profunda, que desde entonces tanto ha deseado y peleado por que de una vez por todas se dé la reconciliación de los colombianos, partiendo del establecimiento del mutuo respeto, de la solidaridad y de la justicia social en condiciones de dignidad.
Pero la lucha por estos propósitos altruistas nunca ha sido fácil en un escenario en el que durante dos siglos, lo que ha imperado es la mezquindad de las clases privilegiadas, el egoísmo patológico de quienes integran el Bloque de Poder Dominante, la avaricia de los más ricos, lo cual ha obligado durante décadas y décadas a la resistencia, al combate por la vida y el respeto del decoro humano.
En el caso del noroccidente colombiano la historia ha sido de flujos y reflujos de la protesta social frente a un régimen que ha actuado con saña y crueldad, con falsas promesas y traiciones.
No obstante, el liderazgo de las organizaciones de masas jamás se ha diluido en el mar de terror que imponen los gobernantes de turno y en sí el conjunto del establecimiento. De ahí que el movimiento sindical, el movimiento cooperativo, el movimiento de negritudes, el movimiento indígena y campesino, organizaciones como SINTRABANANO y muchos otras de la región de Urabá y del contexto del noroccidente, mantengan su flama en medio de cualquier tormenta, o que la mano del movimiento popular haya estado, a pesar de la guerra sucia institucional, presente en la conducción de momentos estelares de las principales alcaldías de la región, como en Apartadó, Carepa, Chigorodó, Turbo, Mutatá, etc. y que en esa dinámica los sectores que no tienen el poder económico avasallante que impera a lo largo y ancho del país, hubieran podido cimentar un potencial de dirigentes que no han estado ni estarán dispuestos a someterse con mansedumbre a las iniquidades de un régimen que una y otra vez, ha maltratado la palabra empeñada, la buena fe y los anhelos de reconciliación de las pobrerías.
Esto que no es una historia de ahora sino de siempre, y la razón esencial de la defensa de la vida, es lo que ha dado base para que mucha de esa dirigencia inconforme hubiera engrosado durante años las filas de las FARC-EP, y en particular las del Bloque Efraín Guzmán, que con heroicidad enfrentó durante muchos años los desafueros del régimen y sus hordas paramilitares.
Nadie puede olvidar que fue con la valentía del pueblo del noroccidente colombiano y con las armas del Efraín Guzmán que se enfrentó el maridaje en los años 90 entre las llamadas AUC lideradas por el sanguinario Carlos Castaño y los principales comandantes del ejército y la policía, instalados en las brigadas, batallones y sedes policiales de la región.
Nadie puede olvidar que la permanencia y el crecimiento de la lucha armada insurgente fue la respuesta legítima a la persecución institucional y paramilitar contra las organizaciones sociales, a las que perseguían y aterrorizaban mediante masacres, asesinatos selectivos, desplazamiento forzado y despojo de tierras y bienes de todo tipo, obligando a la gente de aquellos escenarios rurales a vender a cualquier precio, a entregar sus pertenencias sin chistar, a cargar con sus lutos sin poder reclamar, porque el Estado que era la instancia que supuestamente debía defender sus intereses, era el genitor de sus desgracias.
Ese Estado, desde sus agentes armados y no armados, fue el autor del macabro Baile Rojo, por ejemplo, y de este exterminio del que el fatídico General Rito Alejo del Río era tan solo el mascarón de proa, pues la responsable en impunidad es la clase política dirigente del Bloque de Poder Dominante en Colombia. Se trata de la clase política que a sangre y fuego enclavó los macro-proyectos que en la práctica ningún beneficio dan a las comunidades y que más bien han sido la causa de los desplazamientos forzados y las masacres inenarrables que ahí se han producido, como es el caso de Urrá I, Urrá II, el Embalse de Porce e Hidroituango.
Muchos de los que, como mi persona, ingresamos a las FARC-EP, lo hicimos por lograr un cambio social en favor de los desposeídos. Pero también lo hicimos por librarnos de la guadaña de la muerte y de la desaparición forzada que cotidianamente pasaba la parca estatal sobre los campos del noroccidente. Era la manera de sobrevivir a la guerra sucia del régimen, o de por lo menos morir luchando. Me vinculé desde 1986, fue un 14 de marzo y lo hice en las montañas de Córdoba, en Monte Líbano, en la unidad que dirigía el comandante Robinson Jiménez. Eso fue en el 18 Frente, pues por entonces el Quinto se había desdoblado y en la fronda de la resistencia insurgente de aquellos lares, al lado del pueblo más humilde, marchaban nuevos ingresos y poco a poco fueron surgiendo los Frentes 34, 58, 57, 47 y el Aurelio Rodríguez.
Ese florecer que en el 72 se veía tan difícil, años después era una realidad. Se logró su materialización y más, tanto como se logrará siempre que prevalezcan las causas para su floración.
Créanme, esa no es una historia de heroicidad y de dignidad que se pueda pretender borrar con el fimo de la perfidia, no. Se engañan los que así lo piensen. Esa historia que ha estado signada por dificultades, por los esfuerzos de descuajar montaña sin ayuda oficial porque no hay reforma agraria; por el andar obligado de la gente pobre entre las economías ilícitas haciendo todo tipo de esfuerzos para no dejarse atrapar en la maraña de sus males derivados; esa historia cruzada por los destellos a veces de muerte, a veces de vida, de la minería, de la ganadería, de la presencia de las bananeras y los monocultivos gigantes, y sobre todo por el azote del capital financiero y de las trasnacionales; esa historia nos ha obligado a organizarnos para no perecer no solo bajo las garras de las mafias institucionales y de todo tipo, o bajo los padecimientos de las fumigaciones aéreas que envenenan lo que tocan, todo lo cual destruyen las economías comunitarias, sino bajo el peso del desengaño por los compromisos de paz pisoteados y destrozados. Esa historia indeleble es la justificación incuestionable que hemos tenido para el alzamiento armado, y que por cuenta de la ignominia del régimen persiste y obliga a proseguir fierro en mano contra la tiranía de una oligarquía apátrida, que para nada piensa en las mayorías que sufren por sus desafueros y entrega a los intereses imperiales.
Ellos que traicionaron el Acuerdo de La Habana y los sueños de paz de los colombianos; ellos que sembraron vientos de perfidia y burla, son los responsables de las tormentas de guerra que se desaten. Hemos conocido sus malas intenciones y sus perversas acciones en detrimento del bienestar nacional y con ello no nos dejan otra alternativa que el de convocar el amor de patria de los engañados, la dignidad de los vilipendiados y el valor de los ofendidos, para seguir adelante desde cualquier escenario y manera, incluyendo obviamente el de la lucha armada en pro de la Colombia Nueva, en pro de la verdadera paz sin más afrentas, de la cual sin duda harán parte fundamental las huestes indoblegables de los rincones feraces de la Antioquia guerrera, del Chocó valiente, de la Córdova batalladora, del Eje Cafetero surcado por la audacia y el coraje; de los ETCR colmados de gente de honor que bien sabe lo que es el significado de la palabra revolución y del compromiso de los revolucionarios.
¡Con Bolívar, con Manuel, con el pueblo al poder!
¡La lucha sigue!
¡Hemos jurado vencer y venceremos!
Fraternalmente, ARIEL QUINTO

  EL MUNDO CAMBIARÁ, EL CORONAVIRUS LO LOGRARÁ. Desde que el mundo es mundo, los imperios con sus monarquías y con apoyo de las religiones, ...