Sacudir a la vieja izquierda
Juan Barreto Cipriani
Otra izquierda tendría que hacerse de una nueva caja de herramientas para entender la explosión de violencia que conmueve a Inglaterra más allá de las socorridas fórmulas de la “lucha de clases” y clichés del mismo tipo. Londres en llamas es una escena de horror que muestra en la superficie lo que existe cotidianamente debajo de la alfombra: una maquinaria productora de exclusión que la vocería oficial califica simplistamente de “delincuencia”. ¿Qué tienen en común esta manifestaciones extremas de anomia social con la matanza en Noruega propinada por un fanático ultraderechista, con aquellos incendios de automóviles en los suburbios franceses, con la revuelta griega contra el paquete neoliberal que viene a “rescatarlos” y la ola latinoamericana de movimientos anti-imperialistas.
Esta brevísima muestra de eventos en la escena política (lo mismo podría hacerse en el ámbito cultural o en la vida privada de la gente) es ya suficiente para ponderar la magnitud del estremecimiento teórico que debe sacudir a la vieja izquierda, la enormidad del esfuerzo por construir otra sensibilidad, el desafío mayor de remontar la crisis de voluntad que da cuentas de la fatiga histórica de toda idea de “vanguardia”.
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